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Bares de novela negra:El “Bertha’s House” de David Goodis

calles

Los Bares de Goodis (1)

David Goodis (1917 – 1967).

David Goodis dejó de ser pronto un novelista de aquellos a las que las editoriales editan en tapa dura. A partir de 1950 se dedicó a escribir en colecciones de  libros de bolsillo , “pulps”, de aquellos que tienen nula repercusión en los círculos literarios. Bien. En ese momento comenzó lo mejor de su producción literaria.

Novelas repletas de sexo y de violencia; de aquellas en las que habla hasta el límite de la degradación del ser humano. Novelas en las que dio protagonismo a los habitantes de los barrios marginales de las grandes urbes y de sus calles. Los personajes de Goodis nacen condenados.

Fuego en la carne, Disparen sobre el pianista  (que François Truffaut adaptó para la pantalla http://www.youtube.com/watch?v=V0TgGXcr0sU La calle de los perdidos, La víctima, La chica de Cassidy, Descenso a los infiernos , La luna en el arroyo, Senda tenebrosa, Viernes Negro, Calle sin retorno entre muchas otras. Desgraciadamente pocas de ellas podemos encontrar hoy ( ni siquiera mal traducidas) en las librerías.

Imposible hablar de comida después de leer a Goodis pero sí que daremos protagonismo a sus bares.

Este es el primero. Aparece en La calle de los perdidos (Street of the Lost,1952).

  la calle de los perdidos

(…) No se detuvo y pasó ante el “salón de Billares Teddy’s”, y después una casa de pisos, y otra, y otro callejón y, por último, ante el edificio de madera de dos pisos, que, aunque no tenía ningún letrero en el exterior, era un establecimiento comercial conocido como “Bertha’s House”.

Allí compraban y vendían dinamita embotellada que obraba con mucha más rapidez que la ginebra de la cervecería, el vino y el whisky. En las mesas se jugaba al Blackjack y al poker durante toda la noche. Si deseaban comer algo, Bertha cocinaba para ellos. Si habían ido acompañados de una chica que deseaban llevarse al piso de arriba, Bertha tenía siempre una habitación preparada. Pero eso de las chicas era algo  que nunca suministraba por sí misma. Tenía a gala su reclamo de que “este antro no es una casa de gatitas”.

Licencia Creative Commons

Esta obra de Montse Clavé está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported

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