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Un día vendrá… Fred Vargas…

 

Fred Vargas y el librero negrocriminal en la Semana Negra de Gijón 2008

Gracias al espléndido Dictionnaire des littératures policières de Claude Mesplède supimos en su día que Frédérique Audoin-Rouzeau, Fred Vargas,  escogió el seudónimo Vargas como un guiño a su hermana.  

Jo Vargas es, pintora.  Cuando comenzó a exponer sus cuadros tomó prestado el apellido a una cierta condesa descalza llamada / María Vargas, interpretada por Ava Gardner Así fue como, a nivel público, las dos hermanas volvieron a compartir apellido.

Fred es dulce y criminal. Fred tiene cara de ángel pero en su interior debe guardar un demonio que le escribe sus poco convencionales libros negrocriminales protagonizados por un policía muy poco convencional: el comisario Adamsberg. El comisario siempre aparece acompañado por toda una galería de ilustres secundarios que Fred cuida con mimo.

Mis dos libros preferidos de la autora, hasta ahora, son Huye rápido, vete lejos y el recién estrenado El ejercito furioso.

En Huye rápido, vete lejos aprendimos, entre otras cosas, que un marino bretón calcula la velocidad de los peatones que fluyen en las mañanas parisinas por la Avenue du Maine en nudos; que cuando va apurado, suele avanzar a tres nudos y medio; que (el marino) no confiaría en las cosas por nada en el mundo, como tampoco confía en los hombres ni en el mar; que embarrancó, como tantos otros bretones antes que él, en el vestíbulo de la estación de Montparnasse, dejando tras él una mujer en fuga y nueve tipos que matar; que Joss (así se llama el marino) se había acostumbrado a vivir solo, a comer solo, a dormir solo y a hablar solo, excepto cuando iba a cenar a veces al bar de Bertin, El Vikingo. Mientras, la muerte negra, la peste, va dejando cadáver tras cadáver en el distrito 18ème de París.

Si van a París, y pasan por el distrito 18,  siempre podrán encontrar alejándose de los circuitos turísticos un pequeño bar de barrio (como El Vikingo de la novela) dónde podrán compartir con los habituales un digno Plat du jour.

Con cada nuevo libro de Fred Vargas recobro el placer de la lectura iniciada en mi niñez  con cada  novela de Agatha Chiristie que llegaba a mis manos. Fred Vargas es para mi la mejor representante, actual y mejorada, de la novela de misterio o de intriga, clásica, aunque sus escenarios trascienden de los salones utilizados por las damas del crimen y suceden en espacios mucho más abiertos.

En la última entrega de la serie El ejercito furioso ( una especie de Santa Compaña  en Normandía) Adambsberg  es una vez más el policía más improbable de la narrativa negrocriminal.

Esta escena sucede en París frente a la comisaría.

_ ¿ Se ocupa también de las palomas? – preguntó la mujer sin ironía_. He visto muchas por aquí. No es muy higiénico.

_Pero ésta no son muchas, es una paloma a secas, una paloma sola. Es la diferencia.

_Claro_dijo la mujer.

(…) -¿Es porque le gustan las palomas?-

Adamsberg levantó hacia ella su mirada vaga.

_ No. Pero no me gustan los hijos de perra que les atan las patas.

Dialogos inteligentes, geniales; escritura elegante, limpia, precisa; nuevos secundarios de lujo; calvados; y una cada vez más madura relación entre los personajes clásicos de la serie:  Adamsberg y sus fieles Veyrenc y Danglard.

La lectura de El ejército furioso es una delicia y  una gozada, pero  en ningún momento nos queda la sensación de tener entre manos un libro banal. Se lo recomiendo

Sobre el comisario Adamsberg y su gastronomía

En París:

(…) Adamsberg llamó a su más antiguo colaborador mientras Zerk servía la cena. Atún con calabacín y tomate, arroz, fruta. Zerk  había pedido quedarse a vivir un tiempo en casa de su padre, y parte del acuerdo era que él se encargaría de la comida por las noches. Un acuerdo llevadero, puesto que a Adamsberg le resultaba prácticamente indiferente lo que comía, capaz como era de engullir eternamente el mismo plato de pasta, al igual que vestía de un modo invariable, con chaqueta y pantalón de algodón negro hiciera el tiempo que hiciera.

En Normandía:

(…) Adamsberg rebañó el plato de la sopa con pan, como hacía Léo, y trajo la fuente de salteado. Ternera con judías, y olor de hoguera.

………………………….

 (…) Léo, he vuelto. Soy el comisario de París. Cenamos juntos una vez. Había sopa y ternera, y luego nos tomamos un calvados delante de la chimenea, con un habano.

bodegón negrocriminal

 

Sobre el calvados

El calvados es una bebida alcohólica de origen normando elaborada a partir del destilado de sidra.

Era una de las bebidas preferidas del comisario Maigret.

Debe envejecer al menos dos años en barriles de roble para estar en su mejor momento y adquirir su peculiar color ámbar.

La cultura normada esta muy ligada a esta bebida, se considera una especie de digestivo. En los banquetes abundantes o festivos se practica el llamado “trou normand” que consiste en beber un vasito de calvados entre plato y plato. Al concluir una comida, también es habitual pedir un tradicional  “café-calva” , servido dentro del café. Una especie de carajillo a la normanda.

Si vais allí, en la barra de un bar no se os ocurra pedir un calvados, dejadlo en un “calva”, mucho más local y familiar. Y si añadís un “s’il vous plaît”  igualmente sabrán que sois de fuera pero en todo caso bien educados.

bodegón negrocriminal, fragmento

El encabezado de este artículo tiene que ver con las ganas que tenemos de que Fred Vargas venga a Negra y Criminal, pruebe el vino de la casa, se ponga la camiseta y le hagamos la fotografía de rigor para ocupar el hueco que hemos reservado para ella en la galería de ilustres autores que han pasado por la librería de la Barceloneta.

El Rosebud de Manuel Vázquez Montalbán

(…)

—¿Hay alguna comida de la que no pueda prescindir?

—En el fondo, uno puede prescindir de todo. Sin embargo, en la vida de todo escritor hay un Rosebud como el de Ciudadano Kane. Recuerdo un día que estaba sentado en el portal de mi casa, frente a la panadería, y vi salir a mi madre con un pan caliente y un cucurucho de aceitunas negras. Me dio un trozo de aquel pan con aceitunas. Eran los años cuarenta. Asocio el placer con el pan caliente y las aceitunas negras; es mi Rosebud.

De una entrevista de Nativel Preciado en la revista Tiempo,  4 / 11 / 1996

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Bares de novela negra:El “Bertha’s House” de David Goodis

calles

Los Bares de Goodis (1)

David Goodis (1917 – 1967).

David Goodis dejó de ser pronto un novelista de aquellos a las que las editoriales editan en tapa dura. A partir de 1950 se dedicó a escribir en colecciones de  libros de bolsillo , “pulps”, de aquellos que tienen nula repercusión en los círculos literarios. Bien. En ese momento comenzó lo mejor de su producción literaria.

Novelas repletas de sexo y de violencia; de aquellas en las que habla hasta el límite de la degradación del ser humano. Novelas en las que dio protagonismo a los habitantes de los barrios marginales de las grandes urbes y de sus calles. Los personajes de Goodis nacen condenados.

Fuego en la carne, Disparen sobre el pianista  (que François Truffaut adaptó para la pantalla http://www.youtube.com/watch?v=V0TgGXcr0sU La calle de los perdidos, La víctima, La chica de Cassidy, Descenso a los infiernos , La luna en el arroyo, Senda tenebrosa, Viernes Negro, Calle sin retorno entre muchas otras. Desgraciadamente pocas de ellas podemos encontrar hoy ( ni siquiera mal traducidas) en las librerías.

Imposible hablar de comida después de leer a Goodis pero sí que daremos protagonismo a sus bares.

Este es el primero. Aparece en La calle de los perdidos (Street of the Lost,1952).

  la calle de los perdidos

(…) No se detuvo y pasó ante el “salón de Billares Teddy’s”, y después una casa de pisos, y otra, y otro callejón y, por último, ante el edificio de madera de dos pisos, que, aunque no tenía ningún letrero en el exterior, era un establecimiento comercial conocido como “Bertha’s House”.

Allí compraban y vendían dinamita embotellada que obraba con mucha más rapidez que la ginebra de la cervecería, el vino y el whisky. En las mesas se jugaba al Blackjack y al poker durante toda la noche. Si deseaban comer algo, Bertha cocinaba para ellos. Si habían ido acompañados de una chica que deseaban llevarse al piso de arriba, Bertha tenía siempre una habitación preparada. Pero eso de las chicas era algo  que nunca suministraba por sí misma. Tenía a gala su reclamo de que “este antro no es una casa de gatitas”.

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Esta obra de Montse Clavé está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported

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