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Rafael Bernal, Uncategorized

El inmenso poder del lenguaje en una novela y Sanborns

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Sanborns durante la Revolución mexicana

 Filiberto García,  es un detective de sesenta años, un hombre frío y serio, un asesino lúcido, un veterano de la Revolución, antiguo verdugo de un general villista, un “fabricante en serie de pinches muertos”.  Resulta sobretodo un excelente narrador lleno de ironía y sentido del humor . El soliloquio de García y sus obsesiones  son protagonistas de El complot mongol, la novela de Rafael Bernal (México D.F. 1919, Berna, Suiza, 1972) que fue publicada en 1969 en México y que ahora rescata del “proceloso olvido” Libros del Asteroide.

Con un lenguaje lleno de mexicanismos y humor negro mexicano (del que tanto gustaba Luis Buñuel) pero tan coloquial que resulta de fácil lectura,  la novela denuncia la Revolución institucionalizada y su gobierno corrupto donde nadie quiere hacer el trabajo sucio y los altos funcionarios pagan a un matón a sueldo, como Filiberto García, para que sea él quien se  ensucie las manos y elimine a todos aquellos que estorban. La trama se sitúa en la Ciudad de México, y especialmente en el barrio chino de la calle de Dolores, cuyos habitantes tienen muy buenas relaciones con Filiberto García. Especialmente una chinita mestiza llamada Martita que le roba el puntito de corazón que le queda.

 

“Las cosas se le van quedando a uno dentro, sobre todo cuando uno las deja a medias. Ni la intriga internacional ni este asunto de Martita. Y también se va aprendiendo a no contar las cosas (…) Debería haber una facultad para pistoleros. Experto en pistolerismo. Experto en joder al prójimo. Experto en hacer fieles difuntos. Un año de estudios para aprender a no acordarse de los muertos que se van haciendo. Y otro para que, aunque se acuerde uno, le importe una pura y dos con sal“. 

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“Colgó el teléfono y se volvió hacia el hall de entrada del Sanborns.

_ ¿Ya desayunó, amigo García? Venga, venga y por lo menos se toma un café conmigo.

_ Vamos adentro.

A esas  horas poca gente desayunaba, así que encontraron una mesa solitaria y se instalaron los dos.

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Trajeron el desayuno de Graves, huevos con jamón, pan Tostado y jugo de naranja. Para García un café! Sabe a agüita sucia, pero así les gusta a los gringos. Y  luego en lugar de leche les ponen crema como si fueran chilaquiles.”

 

Los chilaquiles

Con la tortilla de maíz seca y troceada se hace este  plato típico de la cocina del reciclaje: los chilaquiles. Un platillo que dicen que sirve para las “crudas” (resacas). La palabra chilaquiles proviene de la palabra náhuatl chil-a-quilitl, que significa algo así como “verduras en  caldillo de chile”. Los trozos de tortilla se mezclan en una salsa con chiles y con queso. Suele ser un plato de desayuno.

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