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Autores, Comisario Ricciardi, Maurizio de Giovanni, Recetas

Las novelas blancocriminales de Maurizio de Giovanni…y una PARMIGIANA DI MELANZANE ALLA NAPOLETANA

Entre lectura y lectura de novela negra, de vez en cuando, ponga una novela blancocriminal.

Un protagonista, personajes secundarios bien dibujados, uno o dos muertos, poca sangre, agradable de leer, escritura inteligente y clara,  y sobre todo, una ciudad como personaje principal.

La última novela publicada de Maurizio de Giovanni, El verano del comisario Ricciardi, tiene todo lo anterior y es, bajo mi punto de vista,  de largo, la mejor de la serie.

El protagonista de estas novelas que transcurren en Nápoles es el comisario Ricciardi,  un hombre solitario que al parecer tiene intención de seguir siéndolo. No obstante, su corazón palpita en secreto por la vecina de enfrente, Erica, que como en el cuadro de Vermeer,  ve cada día por la ventana. Una parte más baja del cuerpo del comisario, también palpita  cuando se encuentra con la seductora Livia, amiga personal de la hija del Duce.

Ambas damas beben los vientos por el comisario napolitano. Un héroe romántico capaz de escribir cartas a su amada inspirándose en el Repertorio epistolar o ramillete de los amantes.

“Ahora se encontraba con él frente a frente: sin sombrero, un mechón de cabello negro cayéndole sobre la nariz afilada. Las manos en el bolsillo del sobretodo que, a pesar del calor, no se había quitado. Y los ojos: verdes, casi transparentes. Apenas pestañeaba, la frente ligeramente arrugada. Soledad y dolor, pero también ironía”.

Un héroe romántico, pálido, que renunció a vivir de la fortuna familiar y estudió derecho para posteriormente ingresar en la policía.

Ricciardi es un hombre torturado por un terrorífico don: oír las últimas palabras de las víctimas de asesinatos.

El comisario Ricciardi es más un Bernie Gunther  o un inspector Méndez que un Pepe Carvalho.  Es policía en la Italia fascista de Mussolini. En los años treinta. Lo que más le indigna del régimen es la burocracia y el enchufismo, o que la justicia no sea igual para todos.

Las calles de Nápoles, sus cafés (como el Gambrinus),

gambri

…sus gentes, su cadencia del sur, son los verdaderos protagonistas de las novelas, donde los crímenes no son más que el hilo conductor de la trama. El autor pasea a sus protagonistas por los barrios bajos y altos de Nápoles.

napoblog

clikar sobre la imagen y os sumergireis en pleno Nápoles

Ricciardi subía en dirección a su casa; el sol se había puesto pero el calor seguía sin dar tregua. En verano, los domingos a última hora de la tarde la via Toledo adoptaba una apariencia distinta: las familias salían de los bajos, donde la temperatura era insoportable, y para no ahogarse se quedaban en la calle. Los más viejos se sentaban en las sillas que colocaban delante de sus puertas, los más jóvenes lo hacían en cajas de madera que usaban de bancos, y pasaban el tiempo charlando o jugando a las cortes hasta  bien entrada la noche. Por las ventanas abiertas de las plantas altas se oía música de las piezas bailables de las radios, risas de niños y gritos de alguna pelea.

En cuanto a la escritura Maurizio de Giovanni me parece que se muestra deudor de los grandes contadores de historias que le precedieron, ambos sicilianos: Giuseppe Tomasi di Lampedusa y Leonardo Siascia. Su estilo es limpio y preciso, aunque para mi gusto la serie peca en exceso de costumbrismo.

Un buen contrapunto al personaje de Ricciardi son sus compañeros. El doctor Modo,  el médico forense, compañero y amigo,  que está a punto de jubilarse, y que al contrario que Ricciardi  tiene una clara actitud política. Ha sido marginado en el puesto que ocupa por haberse opuesto en algún momento al régimen fascista. Y  el sargento Maione. Absolutamente necesario para el comisario Ricciardi, pues mientras  el comisario de ojos verdes  anda  absorto y traspuesto escuchando las palabras de los muertos en la escena del crimen, Maione  patea la calle y reúne  la información de testigos, parientes, amigos y conocidos de la víctima.

Tata Rosa, es otro personaje importante. La mujer  que  cuidó desde niño al comisario, y todavía lo hace. Vive con él. O él vive con ella. Es como la señora Hudson de Sherlock Holmes pero a la napolitana: la comida lo cura todo.

Rosa Vaglio era una de esas mujeres de otros tiempos que daba rienda suelta a su afecto cocinando. Y como había nacido muy pobre, para ella, cuanto más se amaba, más había que nutrir, añadiendo condimentos. Y como ella amaba a Luigi Alfredo Ricciardi más que a nada en el mundo, le preparaba unos platos que habrían matado a un toro, si el toro se hubiese arriesgado a probar sus berenjenas a la parmesana.

PARMIGIANA DI MELANZANE ALLA NAPOLETANA

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Aproximadamente para 5 o 6  personas (o para menos. Está buenísima fría)

1 kg berenjenas

700 gr de mozzarella

1 kg de tomates (pelar, rallar)

150 gr de queso parmesano (rallar)

Hojas de albahaca

2 dientes de ajo

Aceite

Sal

Lavar y pelar las berenjenas, o no, al gusto. Yo no las pelo.  Cortarlas en rebanadas a lo largo, colocarlas en una bandeja, salar, y dejar que escurran el agua durante aproximadamente 1 hora. Mientras tanto preparar la salsa de tomate con aceite de oliva, ajo,  albahaca y un poco de sal. Poner al fuego una sartén alta con abundante aceite. Secar las rebanadas de berenjenas con un paño. Freírlas ligeramente y escurrirlas sobre papel absorbente. A parte, cortar en rodajas la mozzarella. En una fuente para el horno no muy grande (conviene que queden altas las capas) untada con un poco de aceite, poner una primera capa de berenjenas; encima una capa de mozzarella, un poco de salsa de tomate y queso parmesano; luego otra vez  las berenjenas, y así sucesivamente hasta que agotemos los ingredientes.  Debemos acabar  con berenjena, salsa de tomate y un montón de parmesano. Colocar la fuente en el horno (precalentado a 200º) aproximadamente unos  15/20 minutos. Decorar con albahaca y servir caliente o frío. Es un plato único. Máximo acompañar de una ensalada verde y pan.

CC

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