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Alan Furst, Autores, Recetas

Una de espías, y unos meze en Salónica

Ulrich Mühe en La vida de los otros

El espionaje ha existido en todas las épocas, y ha sido tema recurrente en la historia del género negrocriminal y de espías. El mismo Conan Doyle, se introdujo en el género, cuando hizo que Sherlock Holmes protegiera secretos británicos de vital importancia en El tratado naval (1894). 

E. Phillips Oppenheim, escribió sus relatos entre 1900 -1914.

Otros autores han escrito obras memorables:Eric Ambler, con Epitafio para un espía (1938) y La máscara de Dimitrios (1940). Graham Greene, El americano impasible (1952) Nuestro hombre en La Habana (1959, El factor humano (1978). John Le Carré creador del inolvidable agente George Smiley, Llamada para el muerto (1961), Asesinato de calidad (1962), El espejo de los espías (1965), El espía que surgió del frío (1963), El topo (1974), El honorable colegial (1977), La gente de Smiley (1979).

Los relatos de espionaje se pueden situar en cualquier época, pero  hay que reconocer que la más atractiva, y la que goza de una más amplia iconografía en escenarios novelescos y cinematográficos, se sitúa entre los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial (1939 -1945), y el final de la llamada Guerra Fría, es decir hasta el final de la URSS.

El espionaje actual carece de glamour. Espiar las infidelidades conyugales, los mercados, o saber los entresijos que llevaron al asesinato de Bin Laden quedan lejos de imágenes como estas:

Greta Garbo en Mata Hari ( 1931)

Dos de los mejores escritores actuales especializados en este tipo de relatos: Philip Kerr, con su saga Berlin Noir, protagonizada por el detective alemán Bernhard “Bernie” Gunther, y Alan Furst , sin protagonista fijo, se sienten atraídos por esos mundos perdidos, más cinematográficos que reales, de los años treinta y cuarenta en la convulsa Europa de la Segunda Guerra Mundial, y los convierten en escenario de sus novelas.

Espías de los Balcanes es la última novela publicada (y leída) de Alan Furst :

Grecia, 1940. En la ciudad portuaria de Salónica, una guerra secreta está a punto de estallar. Mientras Adolf Hitler planea invadir los Balcanes, los espías cercan la ciudad. En los burdeles y en las trastiendas de oscuras barberías los sobres pasan de mano en mano, y los susurros corren por tabernas y locales nocturnos.

Costa Zannis, un oficial de policía de avanzada edad, regresa a Salónica tras luchar contra las tropas de Mussolini. Costa es un hombre valioso, con contactos en las más altas esferas y en los bajos fondos. Pronto se ve envuelto en un operativo para ayudar a refugiados judíos huidos de Alemania. Mientras la guerra amenaza la ciudad, tres mujeres cambiarán los últimos años de la vida de Costa: una dama británica expatriada, una mujer de fama poco respetable y la esposa del mayor magnate del lugar.


En una escena de la novela, Costa Zannis va con su amante Roxanne Brown a una taberna que es algo más que una simple taberna. El Balthazar. Un local, escondido en una bodega en los bajos fondos de la plaza Vardar.

(…) Balthazar estuvo encantado de verlos y les dedicó una solemne reverencia.

_ Es un placer _ dijo_. Llevaban demasiado tiempo sin venir.

Los condujo a una habitación muy pequeña y muy privada, con otomanas, alfombras tupidas y mesas bajas de latón. La suave oscuridad apenas la estorbaba una lámpara de alcohol que parpadeaba en un rincón. Balthazar prendió incienso y luego preparó dos narguiles, cada uno con una generosa pella de hachís de color ocre.

_ ¿Comerán después? ¿Unos mezé?

Los “mezé”  no son propiamente de Grecia si no que comparten protagonismo con otros países del este del Mediterráneo y de Oriente Medio: Turquía, Bulgaria, Serbia… Jordania, Palestina, Siria, Líbano.

La palabra “meze“, al parecer, proviene del Iraní. Los mezé son una variedad de pequeños platillos, unos entremeses, que en sí podrían constituir una comida. Se sirven acompañados de pan tipo pita. Los mezé varían según se elaboren en pueblos del interior o en poblaciones costeras. En el interior están basados en verduras, berenjenas, pimientos, tomates, carne de cordero, hojas de vid, legumbres, arroz…, y en la costa, encontramos más variedad de mezé de pescado: huevas, mejillones,…

Suelen acompañarse de la bebida local, en Grecia de ouzo, en Turquía de raki.

El verano es la temporada ideal para comer mezé, pero la Taramosalata, la hago frecuentemente, cuando encuentro huevas de pescado en el mercado. Ayer mismo.

Tzatziki y Taramosalata versión Montse clavé

Taramosalata

200 g  de huevas de pescado (las de merluza son la que se encuentran más fácilmente, pero pueden ser de cualquier otro pescado).

Si no queréis hervirlas vosotros,  podéis utilizar 2 botes de huevas rojas (salmón, lumpo…etc) en conserva.

1 cebolla mediana, rallada fina

300 g de miga de pan blanco

4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

El jugo de 2 limones

Hervir las huevas. Poner agua a hervir con una hoja de laurel y un poco de sal. Introducir las huevas, y dejarlas hervir unos 8 minutos. Dejar enfriar en la misma agua.

Escurrirlas, quitar las pequeñas venillas  de color negro que puedan tener, y  ponerlas en la batidora. Remojar, en agua mineral, la miga de pan, escurrirla, y agregarla a la batidora junto con el aceite y el jugo de limón. Mezclar bien. Depositar la mezcla en un bol, agregar la cebolla, e incorporarla totalmente a la salsa. Tapar y dejar reposar en la nevera aproximadamente 1 hora.

Es delicioso.

tzatziki

1 pepino

200 g de yogurt griego

2 dientes de ajo

4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

3 cucharadas de zumo de limón

sal y pimienta

Rallar el pepino y dejarlo escurrir unos minutos. Rallar los ajos, ponerlos en un bol al que incorporaremos el yogurt y el pepino rallado. Salpimentar, agregar el aceite y el jugo de limón. Mezclar muy bien en redondo, como para hacer ajoaceite a mano. Tapar y dejar reposar en la nevera aproximadamente 1 hora.

Horiatiki Salata

1 pepino

3 tomates, cortados a trocitos pequeños

1 cebolla, picada

1 pimiento verde, picado

aceitunas negras

queso feta , cortado en cuadraditos

aceite de oliva virgen extra

sal, pimienta y orégano.

Lavar las verduras y cortarlas. En una ensaladera honda, poner todos los ingredientes, y aliñar con aceite, sal y pimienta

Comentarios

Un comentario en “Una de espías, y unos meze en Salónica

  1. Gracias,Montse, las 3 recetas tienen pinta de ser un auténtico regalo.
    Pienso hacerlas pronto, primero en privado para ex-marido,familiares poco gratos, vecinos molestos y cuando las domine para mis amigos..
    María Albert

    Publicado por María | mayo 13, 2012, 1:22 pm

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