En opinión de Kramer, la lluvia caída por la noche le había sentado a Jafini como le sienta a un cadáver que lo embalsamen. El poblacho de mala muerte no parecía menos muerto que antes pero al menos sus colores habían mejorado bastante, ahora que la lluvia se había llevado el polvo. El ligero olor a putrefacción también se había ido sumidero abajo.
Hay libros que se leen con la sonrisa puesta. La Canción del perro de James Mc Clure es uno de estos.
Quizás sea por que mi precoz base de datos literaria se formó con libros de autores anglosajones, véase Robert Louis Stevenson, Richmal Crompton y su pandilla de proscritos, Daniel Defoe, James Fenimore Cooper, Mark Twain, Conan Doyle, Louisa May Alcott, Agatha Chiristie,…-con las nobles excepciónes de Julio Verne y Alexandre Dumas-,… la cuestión es, que los buenos autores de lengua inglesa (que nos llegan bien traducidos) siguen teniendo para mi, una manera, un estilo que les confiere marca de identidad.
McClure, creo una pareja negrocriminal literaria totalmente original. Una pareja de policías muy peculiar: uno blanco y afrikáner, y el otro negro y zulú. Kramer y Zondi.
La acción de esta serie de novelas transcurre en la Sudáfrica más profundamente racista de los años sesenta y setenta. Entre mis conocidos hay pocos que vayan a viajar a África a convertirse en reserva, rodeados de animales libres, pero si alguien que lea este blog piensa hacer este viaje les aconsejo que lean antes, o lleven en su equipaje, las novelas de Kramer y Zondi. Serán una guía imprescindible para conocer de Sudafrica algo más que sus reservas. De cualquier forma, leer a Mc Clure es todo un viaje, disfrutando con su fina ironía y su sentido del humor, solo comparable al de su buen amigo Tom Sharpe.
La Canción del perro es un libro para evadirse unas horas de la realidad, más negracriminal que nunca, y disfrutar de la inteligencia de su autor. Un lujo que nos podemos permitir.
La canción del perro (The Song Dog, 1991) la que sería la última novela de la serie de Kramer y Zondi, es en realidad una precuela. En ella, la historia retrocede a los años sesenta (de fondo sabremos que Nelson Mandela acaba de ser detenido) y disfrutaremos con la narración del primer encuentro de los dos policías con más contraste cromático de la literatura negrocriminal.
Una posdata.
Conocimos a James McClure, en a Semana Negra de Gijón del año 2005, justo un año antes de su muerte. Es una de las veces que tanto el librero como yo misma hemos sentido más frustración por no hablar inglés, pues James Mc Clure era la simpatía y la calidez en persona.

James McClure dedica ejemplares de El leopardo de medianoche, en nuestra librería en Semana Negra de Gijón , 2005
En esta nota, otro escritor amigo suyo y nuestro, Gisbert Haefs nos comunicaba su muerte. Aquí queda pues explicado el porque del ron.
—– Original Message —–
From: Gisbert Haefs
To: Negra y Criminal
Sent: Tuesday, June 20, 2006 3:31 PM
Subject: James Mc Clure
Querido Paco y Montse-
Vengo de recibir desde Oxford la tristísima noticia de qui mi buen amigo y colega James McClure falleció el pasado sábado 17 de junio. Me escribe su hija Kirsty: “He died peacefully after a brave fight against MRSA, with complications caused by myelodysplasia. All his family were with him… I would be grateful if you could pass this information on to all his friends from the Spanish crime conference.
There will be an obituary in the Guardian Newspaper this week. His funeral will be held at St Mary’s Church,Market Square,Wallingfordon Wednesday 5th July 2006 at 2pm, followed by internment at Wallingford cemetery.”
Antes de su enfermedad, Jim era un muy erudito bebedor de ron. Sugiero que brindamos.
Un abrazo -
Gisbert
Jo Nesbo es el más hollywoodiano de los escritores noruegos.
Su última novela publicada, El redentor, debería leerse en verano, cuando es más de agradecer que al menos a través de la lectura, nos encontremos 18 grados bajo cero, y en algunas páginas lleguemos hasta los -22..
Nos cae bien su protagonista, Harry Hole, detective de la policía en la Politihuset de Oslo, por que lee a Jim Thompson, y además por que consigue resolver sus casos, incluso acechado por su peor enemigo: Jim Beam.
El bar favorito de Harry, es el Schrøder.
(…) Harry estaba sentado en su mesa de siempre mirando dentro de un vaso medio lleno de cerveza. El llamado restaurante era en realidad un sencillo y ajado antro de copas, pero con un aura de orgullo y dignidad que posiblemente se debiera a la clientela, al personal, y a los excelentes cuadros, un poco fuera de lugar, que adornaban las paredes ahumadas. O al hecho de que el restaurante Schrøder hubiera sobrevivido durante tantos años mientras muchos locales del vecindario cambiaban de cartel y de propietario.
Era domingo por la noche, antes del cierre, y no había mucha gente. Pero acababa de entrar un cliente nuevo que echó un vistazo al local mientras se desabrochaba el abrigo que llevaba sobre la chaqueta de tweed, antes de ir derecho a la mesa de Harry.
_ Buenas noches, amigo mío_dijo Stale Aune_. Esta parece ser tu esquina favorita.
_ No es una esquina_contestó Harry sin farfullar_. Es un rincón. Las esquinas están fuera. Uno dobla la esquina, no se sienta en ella.
Escribir, era para Patricia Highsmith todo un ritual. Según explica en sus diarios, todo cuanto la rodeara tenía que ser de la mejor calidad: los mejores cigarrillos, una blusa recién planchada, el mejor whisky…
Patricia Highsmith vino a Europa en los años cincuenta gracias a los derechos cinematográficos de su primera novela, Extraños en un tren.
La autora contaba, que la idea de crear a Ripley le vino durante un viaje por Italia. Estaba en Positano, en un hotel junto a la playa, y eran las ocho de la mañana. Salió a la terraza y, mientras la bruma cubría todavía la playa, vio a un hombre joven, solo, que caminaba con una toalla de baño a la espalda. A Highsmith le inquietó el personaje. ¿Por qué estaba solo en la playa a aquellas horas? ¿Quién era? ¿Qué había hecho? Desde aquel preciso instante, sin que él lo supiera, aquel hombre se convirtió en Ripley.
Con la primera novela de Ripley, El talento de Mr. Ripley, obtuvo el Gran Premio de Literatura Policíaca y estubo nominada al Premio Edgar a la mejor novela. La novela fue adaptada al cine dos veces.
Ripley aparecerá en cinco novelas, y se convertirá en uno de los grandes protagonistas de novelas policiacas. No es ni detective ni policía sino un ladrón, un asesino ocasional, y un cínico y amoral estafador que gusta de suplantar a sus víctimas. Ripley, no se somete a la moral establecida. Highsmith tampoco. Por eso deja Estados Unidos y se instala a vivir en Europa. Escribe en sus diarios, poco tiempo después de finalizar su primera novela de la serie, “he perdido la sensación del bien y el mal”.
Al contrario de lo habitual, el protagonista de Highsmith, no es castigado ni atrapado por la policía. No solo eso, desde la primera novela de la serie, Ripley, es un personaje que inicia una gran escalada social.
Patricia Highsmith nunca sentó en el banquillo a Ripley. Nunca quiso que le cogieran y lo juzgaran, quería que sus delitos quedaran impunes, en todo caso lo que le interesaba de su personaje era saber si, a pesar de todo, “tendría o no sentimientos de culpa”. Ripley está más cerca del Rodion Raskolnikov de Dostoievski que del Philip Marlowe de Chandler.
Patricia Highsmith era norteamericana pero creó un personaje totalmente europeo. También lo son los escenarios de sus novelas. Mediterráneos, incluso. Casas con jardines en pequeños pueblos, o encaladas cerca del mar. Tom Ripley es un personaje renacentista. Un seductor, refinado, elegante, amante del arte y de la buena vida. Un ser privilegiado…El crimen es para Ripley una forma de realización personal. Cuando suplanta a otro, lo hace más para sumergirse en una especie de vértigo interior, que para burlar el cerco policial.
A Patricia Highsmith le gustaba Ripley, a nosotros nos gusta Patricia Highsmith cuando dice: “Más bien simpatizo con los delincuentes”, “Los encuentro interesantes. A no ser que resulten monótonos y estúpidamente brutales”.
Bien.
Patricia es una malvada. Nos propone un juego. Quiere que queramos a su asesino. Por eso además de dotarle de todos sus seductores y criminales atributos, lo viste con un levísimo halo de desamparo, de una latente infelicidad muy nietzscheana que lo hace más vunerable, más próximo al lector. Por el contrario, sus victimas son muy antipáticas. No nos importa que las mate.
Las novelas de Patricia son totalmente incorrectas y transgresoras. Por eso nos gustan tanto.
El personaje de Tom Ripley ha protagonizado las siguientes 5 novelas a lo largo de 36 años:
1.El talento de Mr. Ripley / A pleno sol (The Talented Mr. Ripley, 1955)
2.La máscara de Ripley / Ripley bajo tierra (Ripley Under Ground, 1970)
3.El juego de Ripley / El amigo americano (Ripley’s Game, 1974)
4.Tras los pasos de Ripley / El muchacho que siguió a Ripley (The Boy Who Followed Ripley, 1980)
5.Ripley en peligro (Ripley Under Water, 1991)
Patricia Highsmith, siempre que tenía una idea para un libro, viajaba hasta el lugar en donde pensaba situar la acción.
Despues de una larga estancia en Francia escribiría la que considero la novela más “gastronómica”de la autora. La mascara de Ripley.
No les cuento toda la historia, pues si no la han leído, espero que lo hagan, pero para situar la acción diremos que Tom Ripley, el que fue protagonista de El talento de Mr. Ripley, unos años después, se casa con una rica heredera francesa. Vive en una lujosa finca cerca de París, en Villeperce-sur-Seine, propiedad de su suegro. Está temporalmente solo – su mujer, Heloise, anda de crucero por Grecia- y llevando una existencia apacible, cuidando el jardín, pintando, escuchando música y leyendo, ” Tom se pasó cerca de una hora trabajando en el jardín, luego leyó un poco de Las armas secretas, de Julio Cortázar”. Gozando de la contemplación de las telas que cuelgan en las paredes: Soutine, Magritte, Van Gogh, Picasso, dibujos de Cocteau…Un día le telefonean de Londres sus socios de la Buckmaster Gallery, y la vida apacible de Tom, dejará de serlo.
Pero la cocina francesa estará presente en toda la novela.
En la finca de los señores Ripley tienen una excelente ama de llaves y cocinera, madame Annette.
(…) Por la mañana siguiente, mientras desayunaba en la cama ( privilegio libertino que en Inglaterra debía pagarse con unos chelines de más en la cuenta) Tom telefoneó a madame Annette. Eran solo las ocho, pero Tom sabía que la mujer llevaría levantada casi una hora, cantando mientras cumplía la tarea de subir la calefacción (con el pequeño manómetro de la cocina), preparar su delicada “infusión”(es decir, té), ya que el café por la mañana le producía palpitaciones, y arreglar las macetas de las diversas ventanas para que les diese tanto el sol como fuese posible…”
“(…) _ Madame Annette_…Sí, estoy bien, gracias. ¿ Cómo va la muela?…¡Estupendo! La estoy llamando para decirle que llegaré a casa este mediodía, sobre las cuatro, con un señor americano.
_¡Ah!_ dijo madame Annette, complacida.
_ Será nuestro huésped esta noche, puede que dos noches, ¿quién sabe? ¿me hará el favor de arreglar bien el cuarto de los invitados? Ponga algunas flores. Y para cenar tournedós, quizás, con esa deliciosa béarnaise que prepara usted.
La salsa béarnaise es una salsa emulsionada, muy, muy francesa. Es más, muy parisina, a pesar del nombre que parece relacionarse con la provincia francesa de Béarn, lindante con los Pirineos atlánticos. Realmente buena pero muy colesterólica. Se sirve templada y recién hecha. En ella participan la mantequilla (évidenment), la yema de huevo, la cebolla, el estragón y el perifollo.
Tournedós a la sauce béarnaise
Ingredientes para 2
2 tournedos 150 g aprox. cada uno ( o cualquier otra parte de carne que desee)
2 chalotas ( la chalota o escalonia es pariente de la cebolla, el sabor se parece al de esta, pero más dulce y suave)
2 cucharadas de vinagre de vino blanco
4 cucharadas de vino blanco seco
1 manojo de estragón
1/2 manojo de perifollo ( de no encontrar, se puede substituir por perejil)
2 yemas de huevo
120 g de mantequilla, a trocitos pequeños
sal y pimienta recién molida
medio limón
Picar las chalotas y picar finamente las hierbas.
Poner en un cazo ( a poder ser de acero inoxidable) el vino blanco, el vinagre, la chalota y, sólo la mitad del estragón y el perifollo (que se agregarán al final de la cocción de la salsa). Dejar reducir, a temperatura media, hasta que el vinagre se evapore. Verter el contenido a otro cazo, pasándolo por un colador fino para obtener solo el líquido. Dejar enfriar unos minutos.
Añadir las yemas de huevo. Mezclar delicadamente, con un batidor, haciendo como un ocho. Calentar la emulsión. Aparecerá una espuma cremosa. Añadir la mantequilla, cortada en trocitos muy pequeños. Seguir batiendo, suavemente. La espuma se espesará y se convertirá en una crema ligera: La salsa Bearnaise. Añadir las hierbas aromáticas que habíamos reservado. Salpimentar. Añadir unas gotas de zumo de limón. Cubrir con film plástico, y colocar el bol en una cazuela con agua caliente (para mantener la salsa caliente).
Salpimentar los tournedós, y hacerlos al gusto, sobre una plancha. Servirlos en un plato cubiertos con la salsa bearnesa.
Ceviche de Federico Levín
“Héctor El Sapo Vizcarra, es un investigador que carece de la mínima vocación detectivesca. Vive, se mueve,- poco, gordo y transpirado- . A El Sapo le gusta comer y cocinar. Durante toda la novela va de restaurante en comedero, de fonda en fonda y, periodista especializado que es, escribe a veces. Hasta que una vez que es esta vez, tras las huellas de la mejor cocina cubana de la zona, en busca del ceviche perfecto, cae en el restaurante de Doña Lili y asiste a la muerte en vivo y en directo de El Rey, el conductor y líder musical del grupo Sus Majestades Incaicas. ¿Sobredosis o asesinato?”
Ceviche es una novela gastronómicocriminal
Ceviche cuenta la historia del detective Héctor “El Sapo” Vizcarra quien se mueve por el barrio de Abasto de Buenos Aires en medio de la comunidad peruana inmigrante.
El barrio de Abasto es una zona de la Ciudad de Buenos Aires, dentro del barrio de Balvanera y parte de Almagro. El que fuera centro del barrio, el Mercado del Abasto, existió hasta 1984, año en que fue cerrado. En 1998, fue convertido en un centro comercial. Dice el autor en una entrevista : “Abasto es un barrio que no se puede conocer nunca del todo, que siempre guarda un misterio, a mí me fascina.”
El Sapo, el protagonista de Ceviche, está comiendo todo el tiempo. Podría escribir recetas, podría hacer una guía gastronómica, pero él lo que quiere es comer. Solo comer.
Tengo entendido que el autor piensa seguir con el personaje. Su próxima novela, también tendrá título de comida, y El Sapo, se introducirá en otra comunidad de Buenos Aires: La rusa.
Más material, del bueno, para mi blog.
“(…) “ Se cocina”. Qué se yo, si me pregunta alguna vez alguien a quien no quiera mentirle, yo diría que el ceviche no se cocina. El pescado se ablanda y se transforma por el ácido del limón, pero cocina, lo que se dice cocinar…Mentira. Es más parecido a la alquimia que a la cocina. Es una mentira que inventaron para convencer a los miedosos. Pescado crudo y alimonado no suena tentador para los devoradores de carnes bien hechitas y pastas ahogadas en salsa; ahora, pescado cocinado por la acción del limón es otra cosa, completamente, es una cosa que es mentira, pero anima, tranquiliza. Fresco, ácido, picante, qué belleza que no puedo esperar. Eso sí: el jugo de limón reemplazando al fuego es una imagen bastante poética. Entonces eso de que el pescado se “cocina” con el limón es en verdad una metáfora, una mentira estimulante. Hoy estoy contento con lo básico, la tríada indispensable: pescado, limón, ají. A veces me pongo complejo y ortodoxo y voy con el cilantro o experimento con otros ajíes como el recoto, el serrano, o un chile en polvo. Se puede jugar, también:un poco de ajo picado, jengibre rallado si me paso de moderno. Y también con acompañamiento tradicional de maíz tostado, lechuga y batatas, a veces pongo el choclo hervido que la verdad me gusta más, esa cosa dulce que explota, o varío las batatas con mandioca, o si es un pescado más fuerte, ponele salmón rosado en las épocas de abundancia, cambio la lechuga por rúcula o por berro, según lo que Homero me consiga más fresco, verde y atractivo. Y si al limón le agrego un poco de vino blanco frío todo se vuelve exótico y memorable. Pero hoy estoy básico, sí. De hecho lo voy a acompañar con cervecita. A “maridar” como dicen boludos tales como los que pueden bautizar “Estación:Placer” una revista gastronómica. Yo no quiero maridaje ni esposaje, ni casa ni caza. Quiero estar solo para comer sin distracciones, para concentrarme con el alma entre la lengua y el paladar y refrescarme la boca con una cerveza. Una cerveza, que dicho sea de paso, voy a pasar al congelador y vuelvo.”
El ceviche es mi plato, “no cocinado”, de verano, preferido.
A los Conquistadores españoles se les puede acusar de casi todo, pero en su favor hay que decir, que si no hubieran llevado el limón a America quizás no se hubiese descubierto este plato.
Tan importante como el tomate, los pimientos, el cacao, las patatas, …, todos los productos que llegaron de Ámerica, serían para la cocina europea, lo fueron la cebolla, el cilantro, el cerdo y su grasa, la oveja, la vaca, el cabrito, la gallina, el aceite, el arroz, el ajonjolí, el ajo, el azúcar, las naranjas, las nueces, el trigo, el café..para la cocina latinoamericana.
¿Como se hubiese podido inventar un plato tan magnífico como el ceviche sin los limones que llegaron a tierras mexicanas primero, y se extendieron por el continente más tarde?.¿Y que hubiesen hecho las cocineras mexicana, peruanas, ecuatorianas… sin el cilantro, una hierba aromática que en el día de hoy está mucho más ligada a la cocina de las tierras latinoamericanas que a la española. Una hierba aromática que fue muy utilizada en la cocina de Al-Ándalus, y que después de la Reconquista, fue substituida en nuestras cocinas por el perejil, hierba libre de toda sospecha sobre sus orígenes cristianos.
En la novela se habla del ceviche peruano, hay muchas variedades de ceviche, pero “mi” ceviche – y suyo si gustan- es mexicano.
Los ceviches que gozan de mejor fama en México son los de la costa sur del Pacífico. La palabra ceviche o cebiche, parece ser que viene de la palabra cebar. Cebar o saturar de limón.
Los pescados que se utilizan pueden ser muy variados, pero a mi me gusta utilizar los de carne firme: mero, dorada de roca, pez espada, gamba roja, atún…)
Ceviche de emperador (pez espada)
½ k de emperador cortado en filetes; el jugo de 10 limones
½ taza de cilantro finamente picado
1 cebolla mediana, cortada muy fina
4 chiles serranos , y 4 chiles jalapeños, de bote; abiertos por la mitad, eliminando las semillas y picados; ½ taza del caldillo de la lata de chiles.
3 tomates medianos maduros, sin piel ni semillas y picados
3 cucharadas de aceite de maíz
2 cucharadas de salsa inglesa (Worcestershire)
1 cucharadita de orégano
sal
galletas saladas para acompañar
Lavar y cortar los filetes de emperador en tiritas finas o en cuadaditos, al gusto. Ponerlo en una fuente honda y cubrirlo con el zumo de los limones y un poco de sal. Dejar macerar durante 6 horas. Darle la vuelta durante este tiempo para que quede “cocido” por todos lados. A continuación escurrirlo bien de su jugo de maceración (exprimir con las manos), tirar el jugo, y poner el pescado en otra fuente honda.
En un cuenco, aparte, mezclar todos los demás ingredientes (reservar una cucharada de cilantro), y a continuación mezclarlos con el pescado. Rectificar el punto de sal. Para servir llenar las copas de cristal con el ceviche y espolvorear por encima el cilantro reservado. Acompañar con galletas saladas, o con nada.
( En la costa de Guerrero (México), hacen un ceviche llamado “tiritas”, con tiritas muy finas de filetes de emperador. Yo lo hago aquí con atún fresco, con tan solo una hora de maceración, y con todos los demás ingredientes arriba citados.)
Esplendor del Paralelo
Rafael Tasis i Marca (Barcelona, 1906 – París, 1966) . Un dels pioners de la novel·la de gènere, policíaca o detectivesca, amb català. Autor d´una trilogia formada per les obres: La bíblia valenciana(1955), Es hora de plegar ( 1956) i Un crim al Paralelo (1960)
Un crim al Paralelo, situada als anys 30, protagonitzada pel periodista Caldes i el comissari Vilagut, que resolen uns misteriosos crims als baixos fons del Paralelo, entre actrius de varietats i tavernes polsoses del barri Xino de Barcelona.
(…) S’havien posat a caminar de costat i es trobaren ja al Paralelo. Josep estava exultant. Convidà la noia a fer el vermut i tingué un instant de remordiment per la seva follia. Era ben bé llençar una pesseta! Bah, què hi farem! Un dia és un dia. Van triar una taula del primer rengle a la terrassa de l’Espanyol i es van asseure entre centenars de consumidors.
A llur entorn, regnava el brogit habitual del Paralelo. Les taules eren plenes de gent que conversava i reia. Enfront brillaven les bombetes que dibuixaven les entrades dels music-halls i els rètols dels teatres. Més avall, s’alçaven les tres xemeneies de la fàbrica d’electricitat i hom endevinava el port. Algun toc de sirena arribava a penetrar.”
Decadencia del Paralelo
Fragmento de la novela de Francisco González Ledesma (1927),
El pecado o algo parecido, 2002
Una novela cuyos personajes, en lugar de cultivar la virtud, cultivan el pecado. Comparten protagonismo un banquero que presume de su cinismo, y Méndez, el policía que no cree absolutamente en nada, más que en algunas personas..
“(…) Buscó refugio en las mesas del viejo café Chicago, lugar de empleadillos y de copas pagadas a principio de mes, pero el café Chicago no existía, en su lugar perduraba una caja de ahorros donde en lugar de servirte un anís Machaquito te servían una libreta al dos por ciento.
Pocas mesas quedaban ya en el Paralelo, donde antaño pudieron sentarse todos los culos de Europa. Sólo una sillita aquí, una mesita allá. Méndez halló acomodo -que no paz- en los restos de una cervecería cuyas jarras, no demasiado limpias, conservaron durante años las marcas de un pintalabios de vedette y ahora conservaban con amor las babas de un jubilado. El Paralelo se estaba muriendo a trozos, a palmos cuadrados, a horas…”
La Pasta a la Norma o Pasta Ca’ Norma, en el dialecto de Catania, es una receta autóctona de aquella región siciliana de la costa este. Un plato a base de pasta (normalmente maccheroni) condimentada primero con tomate y después con berenjenas fritas, ricota y albahaca.
Según cuenta la leyenda, le puso nombre propio Nino Martoglio, famoso escritor y realizador teatral en lengua siciliana, e italiana, del siglo XIX. Cuando degustó un plato de esta pasta, al parecer, exclamó: “Este plato es a la pasta como la Norma al bello canto “ “¡Es una Norma!” para indicar su perfección, comparándola con la obra de Vincenzo Bellini.
http://www.youtube.com/watch?v=7rjGwS20V94&feature=related
(María Callas, en la cuarta parte de escena primera del acto I de la ópera Norma de Bellini).
La opera Norma, es una tragedia lírica basada en un texto de Soumet pero con importantes diferencias con respecto al papel de la protagonista. En la obra del novelista, Norma termina asesinando a sus propios hijos, presa de un ataque de locura. La Norma de Bellini es un personaje con múltiples facetas:
“una sacerdotisa coherente con su devoción, una madre que ama a sus hijos, una mujer enamorada y pasional por el hombre, una rival vengativa que saca sus más bajos instintos si es necesario…, en definitiva una compleja trama de personalidades cuya solución final es la muerte, pero no como castigo o ejecución de una heroína, sino como el camino lógico de un conflicto gravísimo de intereses” (Wikipedia).
Volvamos a la pasta. No solo Nino Martoglio lanzó un grito de admiración al probar la pasta a la Norma, En El Ladrón de meriendas, Montalbano exclama “¡Jesús!”, cuando se le ofrece la posibilidad de comer un plato de esta pasta elaborado por una buena cocinera:
“(…) _Bueno, señora, le doy las gracias y…_ dijo el comisario, levantándose.
_¿Por qué no se queda a comer conmigo’
Montalbano notó que se le encogía el estómago. La señora Clementina era un encanto, pero debía de alimentarse a base de sémola y patatas hervidas.
_ La verdad es que tengo mucho que…
_Pina, la asistenta, es una cocinera estupenda, se lo aseguro. Hoy ha preparado pasta ala Norma, ¿sabe?, esa que se hace con berenjenas fritas y requesón salado.
¡Jesús!_ exclamó Montalbano, volviéndose a sentar.
Pasta a la Norma
Para 4 personas
400 g de penne ( macarrones) o bucatini
1 k de tomates maduros ( si no es época de tomates, mejor usarlos de bote, enteros, o incluso se puede utilizar tomate concentrado)
2 berenjenas medianas
2 dientes de ajo
200 g de queso ricota, o de un queso de oveja tierno y salado ( tipo sierra de Grazalema)
Unas 18 hojas de albahaca fresca
aceite de oliva virgen extra
sal y pimienta
Lavar y cortar ( a lo largo) las berenjenas en láminas regulares de aproximadamente un cm. Irlas poniendo por capas en un escurridor, espolvoreándoles sal gruesa por encima. Al final de todas las capas, poner un plato encima con un bote lleno, o similar, que tenga peso. De esta manera irán eliminando el líquido oscuro y amargo que contienen, que estropearía la receta. Dejarlas escurrir durante 1 hora.
Lavar los tomates; hacerles un corte en forma de cruz en la base de cada uno, y ponerlos en agua hirviendo ( fuera del fuego) durante unos diez minutos. Pasado este tiempo, pelarlos, eliminar las semillas, y picarlos pequeños o rallarlos. Poner una sartén al fuego con 4 cucharadas de aceite, y dorar los dientes de ajo, cortados en láminas finas. Inmediatamente, agregar el tomate. Salpimentar y dejar hasta que la salsa espese y esté a punto. Chafar un poco con un tenedor los trozos de tomate que hayan quedado más enteros ( a mi me gusta así) o bien pasar la salsa por un chino o similar, si se desea más fina. Reservar aparte la mitad de la salsa, y a la otra mitad, la que queda en la sartén, se le agregan 6 hojas de albahaca troceadas con las manos. Se reservan ambas salsas.
Pasada una hora, pasar por el agua del grifo las berenjenas, secarlas bien con un trapo o con papel absorbente, e irlas friendo hasta que doren. Dejarlas sobre papel absorbente para que escurran bien el aceite. Escoger las 12 más enteras y bonitas, y reservarlas aparte para cuando montemos el plato. Las otras, se cortan finas, y se agregan a la salsa de tomate.
Poner a hervir la pasta en abundante agua salada, y mientras rallar el queso.
En una sartén muy grande o en una cazuela, poner la salsa de tomate que hemos reservado en la sartén con la berenjena. Cuando la pasta esté al punto ( ver el tiempo en el paquete), escurrirla muy bien e incorporarla a la sartén o cazuela con la salsa de tomate y la berenjena. Remover delicadamente.
Para emplatar y servir.
A cada plato, poner una parte de la pasta preparada, encima un poco de salsa de tomate (de la otra mitad reservada), tres lonchas de las berenjenas, encima, y terminamos con un poco de queso rallado y unas hojas de albahaca como adorno.
Fragmento del film de Alberto Lattuada, Mafioso (1962)
Hay que llegar al final para encontrar la pasta
http://www.youtube.com/watch?v=NqG4jX9ezic
PASTA AL NERO DE SEPPIA
En El perro de terracota, a Montalbano no le gusta la Mafia pero sí Montalbán y el nero de seppia
“(…) Se detuvo delante de la librería-papelería de Sarcuto, la única que en Vigàta cumplía lo que se anunciaba en el rótulo, pues las demás no vendían libros sino mochilas escolares, cuadernos y bolígrafos. Acababa de recordar que había terminado la novela de Montalbán y no tenía nada más para leer.
_ ¡ Ha salido un nuevo libro sobre los jueces Falcone y Borsellino!_ le anunció la señora Sarcuto en cuanto lo vio entrar.
Aún no había entendido que Montalbano aborrecía leer libros sobre la Mafia, sus asesinos y sus victimas.”
“(…) Aquel día Adelina había entrado en acción y Montalbano encontró en el frigorífico la salsa de sepia, negra y espesa, tal como a él le gustaba.”
Adelina es un encanto. Todos querríamos una Adelina en nuestra vida. Para comer pasta al nero de seppia, Montalbano, tan solo tendrá que hervir la pasta, al dente, para comer como los dioses.
PASTA AL NERO DI SEPPIA
Según dicen los sicilianos esta receta procede de la zona oriental de Sicilia.
Para 4 personas
500 g. de taglierine o de spaghetti
2 sepias medianas o 4 pequeñas
1 diente de ajo
2 pimientas de cayena
1 vaso de vino blanco
1 vaso de agua
aceite de oliva virgen extra
sal, pimienta
(a poder ser, un poco, como una cucharada sopera, de la parte verde y tierna del hinojo fresco, picado. Se puede sustituir por una cucharadita de orégano, o incluso por perejil)
Lavar bien las sepias (lo puede hacer nuestra pescadera favorita) sin romper la “ bolsita” que contiene la tinta (el nero). Reservar a parte. Cortar las sepias en trocitos pequeños y finos.
En una sartén, con un poco de aceite, dorar el diente de ajo, entero o en láminas; las pimientas de cayena, troceadas pequeñas y con la mitad de las semillas, y finalmente, agregar la pulpa de tomate, sin piel ni semillas. Dejar espesar un poco y, con mucho cuidado, con unas tijeras, abrir las bolsitas de tinta sobre la salsa de tomate. Incorporar las sepias troceadas, mezclar bien, y añadir el vaso de vino blanco. Aligerar con el vaso de agua.
Bajar el fuego al mínimo y dejar, tapado, durante unos 30 minutos, aproximadamente. Salpimentar, con cuidado, y agregar el hinojo picado o el orégano. Ir removiendo durante la cocción para que al espesar la salsa no se pegue al fondo.
Cocer la pasta al dente, escurrirla bien, y ponerla en una ensaladera o similar agregando el nero de seppia
ANTIPASTI
La Mafia se sienta a la mesa, un libro que no podía faltar en este blog.
Totalmente recomendable, tanto desde su faceta puramente gastronómica, como por su amena e instructiva lectura sobre la historia de esta asociación criminal, hasta 1980.
Los Capomafia, y los Padrinos de la Mafia y de la Cosa nostra hacían preparar los menús para sus invitados con el mismo cuidado y esmero que sus crímenes. Como haría cualquier familia siciliana con sus ospiti. La expresión cucinare il delitto (cocinar el delito) da una idea de la importancia que la Mafia otorga a la gastronomía.
“Desde sus inicios, esta organización se ha reunido en torno a la mesa con objeto de festejar aniversarios y éxitos, urdir nuevas estrategias… o poner fin a las actividades y los días de algún miembro de la Familia. La comida, especialmente en Sicilia, constituye una liturgia, un ritual en el que cada detalle está perfectamente planeado.
En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas, cenas o banquetes que, por su importancia histórica o legendaria, por su originalidad o su cariz burlesco, ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa desde 1738, año en que se fundó esa sociedad. Pues la Mafia organiza ágapes tanto para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsala en 1860 como para distribuir el tráfico de caballos durante la primera guerra mundial, o para celebrar —en un famoso festín de quinientos cubiertos— la «toma» del Bronx por Maranzano. Así, los nombres de Mussolini, Roosevelt, Churchill o del general Dalla Chiesa se mezclan, entre bocado y bocado, con los de don Vito, Calogero Vizzini, Genco Russo, Lucky Luciano o el último emperador, el abogado mafioso Vito G.”
CONDIMENTI
“ Famiglia”
Non si tratta di un legame di parentela, ma di un’aggregazione di uomini della malavita organizzata siciliana. Il detto si estende pure tra la mafia americana. La famiglia è composta da pù “cosche”, che messe assieme formano un gruppo monolítico, forte, difficile da annientare.
(No se trata de un lazo de parentesco, sino de un conjunto de hombres pertenecientes a la delincuencia organizada siciliana. La palabra se extendió también entre la mafia estadounidense. La “familia” consta de varios “clanes”, que forma un grupo monolítico, fuerte, difícil de aniquilar ).
Del libro
La Mafia dalla A alla Z
Piccola Enciclopedia Di Cosa Nostra
Angelo Vecchio
Libro brutal. Imprescindible para conocer la verdad sobre esta organización.
Entradas con pequeños resúmenes de asesinos, Capos y Padrinos; personajes e historias que pueden leerse como si se tratara de sinopsis de relatos de Siascia. También entradas con resúmenes de vida y muerte de políticos incorruptibles, escoltas, fiscales y jueces que merecen no ser olvidados (Giovanni Falcone). Son muchos los muertos entre la A y la Z. Una realidad, que como siempre, supera la ficción.
Esperamos, como libreros, que a algún buen editor se le ocurra traducirlo y publicarlo.
Les tengo cariño. Leía novelas de Perry Mason en la primera adolescencia. Compartían tardes de domingo con las de Agatha Christie, todavía con algún Salgari, y con tebeos de Rip Kirby de la editorial Dolar. Un poco más tarde llegarían los primeros Maigret.
He releído algún Perry Mason ( en Negra y Criminal tenemos toda una estantería llena ), pero los años no pasan en balde para algunos autores, y para algunos de sus lectores.
Leídas ahora, las novelas que Erle Stanley Gardner escribió con su personaje Perry Mason (más de cincuenta) no dejan de tener un cierto candor trasnochado que les confiere identidad.
Perry Mason, el abogado incorruptible (¡!) que sólo acepta clientes inocentes y que observa las huellas con lupa.
Paul Drake, el amigo incondicional de Mason que se dedica a investigar, ya que tiene carnet de la “Drake Detective Agency“.
Della Street, la secretaria perfecta. Guapa y aseada, que tanto puede tomar notas en taquigrafía como preocuparse por si su jefe come o no. En El caso de la huella labial , lleva a Mason a cenar.
_ Jefe, tiene usted que cenar.
Mason fue hacia la mesa.
_Fíjese…¡Fotos! Drake ha tenido que sudar tinta para conseguirlas (son copias de fotos policíacas), con el cadáver en el suelo, el vaso sobre la mesa, y la silla volcada, un periódico medio abierto junto a la butaca, un apartamento mediocre y tan sórdido como el caso que nos ocupa. Y en estas fotos, yo he de descubrir la pista que establezca la inocencia de una joven, no sólo la inocencia sobre el crimen sino la inocencia virginal de la pureza de la muchacha.
Mason se inclinó sobre la mesa y, tras coger la lupa que estaba sobre la carpeta, volvió a escrutar una vez más las fotografías.
_ Caramba, Della_ exclamó de repente_, aquí hay muchas cosas. El vaso de la mesa, con un poco de whisky y soda al fondo. Y las huellas de Fay Allison en todas partes…Luego, tenemos ese beso de unos labios muy pintados en la frente del muerto…
_ Que indica que una mujer estuvo con él antes de morir.
_ No necesariamente. Esa marca es la impresión perfecta de unos labios. Y no hay pintura en los labios del difunto, sino en su frente. Un tipo astuto podía haberse untado los labios de carmín, presionarlos contra la frente de Clements después de haber surtido efecto el veneno, y apartar de este modo las sospechas de sí mismo. Esto podía haber ocurrido así, de haber sabido el hombre que una mujer tenía la costumbre de visitar aquel apartamento de Clements.
Della Street asintió calladamente.
_ Es una pista que indica tan claramente a una mujer, que me hace entrar en sospecha_ continuó el abogado_. Si al menos tuviéramos un punto de partida…O un poco más de tiempo…
Della Street se aproximó al escritorio. Las heladas yemas de sus dedos se posaron sobre los ojos del abogado.
_ ¡ Basta ya !_ murmuró. Vamos a cenar. Estoy hambrienta.
Acabo de leer la última novela de Benjamin Black, En busca de April.
En realidad, en la novela, lo que menos me ha interesado es la búsqueda de April.
Me han gustado muchas otras cosas: la escritura elegante del autor; ese Dublín de los años cincuenta y su niebla omnipresente con grados y matices; los secretos envenenados, “El pasado contiene veneno dentro”; la sensación de cotidianidad, de frío,… y sobre todo la ternura de su protagonista. Quirke, ese forense grandullón, despeinado y borracho.
En realidad la búsqueda de April en la novela, es una mera excusa para que el autor nos muestre la lucha constante del personaje protagonista de la serie, contra su alcoholismo impenitente, y su constante autoengaño. Pero Quirke, ¿es acaso un alcohólico, o simplemente un típico y tópico irlandés bebedor?. Si fuese un verdadero alcohólico, difícilmente podría seguir y resolver el caso, cosa que hace al final. Quizás podría hacer autopsias, ya que los muertos no se enterarían, pero no podría ligar ni conducir su fantástico Alvis. Un capricho, una autentica y carísima joya. Aunque esto último lo haga con peligro de su vida, la de los puntuales ocupantes del vehículo, y la de todos los transeúntes que se encuentra a su paso.
Cuando Quirke sale del sanatorio donde ha pasado una temporada castigándose, intenta portarse bien pero no puede engañar a sus deseos:
(…) Quirke no quiso ir con él, convencido de que si volviera a aparecer por allí alguien le echaría en cara que era un fraude. Por el contrario, se fue a su piso y preparó otra tetera. A lo largo de las semanas anteriores había llegado a detestar el sabor del té con una pasión que no estaba a la altura de lo inofensiva y lo corriente que era la bebida, incapaz de suscitar tales odios. De lo que tenía ganas, cómo no, era de meterse un buen copazo a palo seco, un Jameson a poder ser, aunque en las últimas semanas de su borrachera más reciente le había empezado a gustar de manera especial el Bushmills etiqueta negra, que era una marca del norte, nada fácil de encontrar en el sur. Sí, un tugurio lleno de humo, donde fuera, y un buen fuego de turba en la chimenea y unos individuos indiferentes que charlaran en la sombra, y un buen vaso de Back Bush en el puño, eso sí sería lo suyo.
————–
(…) _Se te ve de maravilla_ dijo a Quirke, e indicó al barman que abriese la botella de champán_. Desde luego, mucho mejor que la última vez que te vi.
_Yo también he estado fuera_dijo.
_¿Ah,sí?
_Sí, en el San Juan de la Cruz.
_ Anda…¿ Y eso qué es?
_ Un sanatorio para desintoxicarse.
_ Sí, ahora que lo pienso creo que Phoebe me dijo en alguna de sus cartas que estabas en el manicomio. Me pareció que había exagerado. ¿ Y qué tal estuvo?
_ Muy bien.
_ Seguro_dijo ella sonriendo. El barman sirvió champán y colocó las dos copas burbujeantes ante ellos. Quirke miró la suya mordiéndose el labio_ ¿ te atreves?- Preguntó Rose, sonriendo con dulzura y malicia_. No quisiera ser yo la responsable de que te vuelvas a crucificar.
Él tomó la copa y rozó con el borde la que ella levantaba. Bebieron.
_ Por la sobriedad _ dijo.
Pero pese a todo, Quirke resuelve el caso.
Y una vez resuelto, bien se merece un Bushmills en Portobello. ¿No les parece?
Según Javier Calvo, la Transición no fue de color gris ni de color sepia. Fue negra ceniza de meteorito.
La Nueva España que se fue gestando durante los años setenta y siete y setenta y ocho fue un “jardín colgante” sin pasado ni futuro. Una rocambolesca mentira. Un perverso país de las no maravillas. No un cuento de hadas sino un cuento de ogros. La gran impostura. De aquellos barros, estos lodos.
Todas estas cosas y muchas más se ha atrevido a contarse y a contarnos Javier Calvo. Su visión, muy personal, del nacimiento político del entorno social en el que le ha tocado vivir. En el que estamos viviendo.
El jardín colgante es una novela rara. Rara de raro, de extraordinario, de singular, de poco común . Una novela atrevida para estos tiempos anestesiados en que vivimos, más allá de cualquier crisis y de todas las crísis. Escrita con un estilo tremendamente personal, rico y preciso, narra la operación que debe llevar a cabo un agente de los servicios secretos, Arístides Lao, en torno a una organización de extrema izquierda, la TOD, en la que tiene a varios infiltrados. Lao pondrá en marcha una idea tan loca y kafkiana que traerá consecuencias inimaginables. Arístides Lao, afectado de síndrome de Asperger, quedará como uno de los grandes personajes de la novela “policriminal y de espías”. Tiene tal consistencia que merecería una “no” serie o una serie kafkianocriminal, real como la vida misma.
(…) “Lao es bajito y rechoncho, parece ser al mismo tiempo pelirrojo y calvo, y lleva unas gafas absurdamente gruesas que le distorsionan los ojos, agrandándoselos o bien reduciéndoselos, según el ángulo con que uno mire. En general todos los empleados de la Delegación del SECED detestan al agente Lao, pero es entre el personal femenino donde se concentran las mayores proporciones de asco. Hay algo en su cuerpecillo blando y lechoso que le da aspecto de alimaña extraída de su caparazón y expuesta a los elementos. De versión inflada y pelirroja de un polluelo blanquecino que se ha caído del nido. Pero es la expresión de su cara lo que realmente le revuelve a uno las tripas. Una expresión neutra, tan carente de emociones visibles o de reacciones familiares que produce un rechazo inmediato.”
Increíblemente, Javier Calvo ha hecho que los personajes de este libro coman y beban. Durante el desarrollo de la trama aparecen bolsas de magdalenas, sauerkraut, pumpernickel, queso de Ibiza, caldereta de langosta, guiso de raya, y hasta un huevo frito. Pero no un huevo frito cualquiera, el mejor huevo frito de la literatura, más allá de los géneros
(…) “En la cocina, Lao calienta aceite en una sartén pequeña y casca un huevo. Espolvorea un poco de sal encima y lo echa en la sartén con cuidado de no romper la yema, una contingencia que obligaría a iniciar de nuevo el proceso. Luego se queda de pie delante del fogón, mirando cómo crepita el huevo. Tanto las encimeras de la cocina como la superficie superior de la nevera están llenas de cajas de comida que la señora Lao se ha hecho traer después de que cayera el meteorito, por lo que pueda pasar. El caso criminal alerta de la posibilidad de que el meteorito desencadene un invierno nuclear en España.
El huevo sigue crepitando en la sartén cuando Lao mira de reojo al otro lado de la puerta de la cocina, en dirección a la mesilla del recibidor, donde está su maletín del trabajo. La ventana de lamas pivotantes de la cocina es la única de la casa que no tiene persiana, de manera que los cristales están todos cubiertos de ceniza negra. Lao sale de la cocina. Abre su maletín y saca el expediente restringido de la Operación Cólera que le ha hecho llegar esta misma tarde el capitán Oms.
En el fogón, los rebordes del huevo frito se doran, se rizan y se oscurecen. La yema cuaja.
Lao abre el dossier. El expediente tiene unas doscientas páginas,…”
Lean el libro y sabrán como termina el huevo frito por Lao despues de estas doscientas páginas de expediente.
Y para acompañar el libro, música de los Sex Pistols o de Patty Smith, por ejemplo.
Y si además quieren saber más cosas de su autor léanlas en su blog http://elblogdejaviercalvo.blogspot.com/
André Pieyre de Mandiargues (París 1909-1991), antes que Manuel Vázquez Montalbán nos llevó a comer a Casa Leopoldo.
Su novela Al margen, que obtuvo el Premio Goncourt 1967, debería ser una novela de lectura obligada para aquellos que quieran conocer las vísceras de la Barcelona de aquellos años. Antes de la muerte del dictador.
Yo la leí más tarde. En 1981, publicada por Bruguera con una muy buena traducción de Ricardo Cano Gaviria.
Novela negra? Evidentemente, sí. Al margen es una narración desde las entrañas. Una lenta agonía, un recorrido suicida en caída libre de Sigismond Pons por las calles del Barrio Chino de la Barcelona de los años sesenta.
(Barrio Chino. Por mucho que ahora se llame Raval, para los que lo vivimos aquellos años seguirá siendo Barrio Chino).
El protagonista de Al margen, Sigismond, llega a aquella Barcelona ahogada y gris con los residuos de la posguerra en sus gentes y en sus calles. Una ciudad todavía aplastada por la bota del Fuhroncle (mixtura de Führer y forúnculo), que así llama Pieyre de Mandiargues a Franco durante toda la novela. Los retratos del furúnculo eran todavía omnipresentes en la ciudad. En las paredes de las calles, pintados con la tinta de los vencedores, casi diluida por el tiempo, y en los locales abiertos al público, enmarcados dentro de cuadros con los vidrios empañados por la suciedad y las cagadas de mosca. Pero allí estaban todavía.
Sigismond recorre las calles del barrio, ama a sus putas, frecuenta los bares…

El desaparecido quisco-bar Antonio en la esquina de la calle botella. En el nº 11, nació Manuel Vázquez Montalbán. foto, Montse Clavé
En este recorrido acabará por llegar al centro mismo de su propio horror, al margen del cual ha vivido hasta este momento de su vida.
Decenas de bares y locales de la noche, y del día, desfilan por las páginas de Al margen. Unos desaparecidos y otros no, pero los que no lo estan, como si lo estuvieran. Han perdido hace tiempo la razón de ser.
Los Caracoles; el recordado y añorado bar La Macarena; Los Cabales; el restaurante Amaya; el Panam´s, Los Cuernos; el Villa Rosa; el bar Pigalle; el bar Bodega Apolo; el Marsella…
Y Casa Leopoldo.
Primera incursión:
“(…) Casa Leopoldo es un restaurante de buena apariencia, el primero que en el barrio lleno de sorpresas da esa impresión a Segismond, y escrito con tiza en una pizarra el menú resulta atractivo, a pesar de que su precio es tan bajo que uno no sabe si creérselo”.
Qué lejos quedan los años sesenta!
Segunda incursión.
“(…) En la esquina de San Rafael gira, camina dejando de zigzaguear, y al final cierra tras de sí la puerta de Casa Leopoldo.
Como un paquebote, el restaurante tiene diversas clases, y a medida que se avanza hacia el fondo del local (ocupado por un comedor independiente), la cocina es más exquisita, las mesas están mejor guarnecidas y los precios son más caros. Cerca de la puerta, la gente come sobre el mármol desnudo (agrietado en el sitio donde Sigismond se sienta); no hay vasos y se bebe a chorro, tampoco hay servilletas, pero el tenedor y el cuchillo ocupan su sitio, lo que denota un nivel superior al de esas casas de comidas donde se proporciona sólo el primero(según contaba Antonin). Una pizarra, colgada sobre una alacena, confirma el menú pegado fuera: tres platos, con opción a carne o pescado para el primero. Sigismond, que antes de que venga el camarero tiene tiempo de refrescar su memoria, tomará sopa, pescado frito y ensalada, y beberá un cuarto de vino blanco.
Si se sienta en una de las mesas menos caras, es para no apartarse demasiado de la calle, para permanecer en medio de esa cierta banalidad dentro de la cual se mueve, como si estuviera encerrado en una transparente burbuja desde que la carta de Féline pasó a estar bajo la torre de cristal. Por veinte pesetas, no tenía desde luego la intención de darse un festín. Pero todo resulta siempre diferente de lo que uno espera o se imagina (la desgracia sería evitable si uno fuera capaz de representársela lo más precisamente posible, ha pensado algunas veces), y la sorpresa, en Casa Leopoldo, es que el menú de los pobres sea tan fresco, tan copioso y tan bueno. La sopa es una especie de menestra en la que las legumbres verdes se combinan con los garbanzos y las pastas, en el caldo de cocido. La fritura, de sardinas y los calamares cortados en anillos. Negras aceitunas adornan las hojas de lechuga de la ensalada, aderezada con un sabroso aceite. Por lo que toca al vino, no demasiado fuerte, resulta tan natural al paladar que uno no puede sino decir que está fabricado a la justa medida humana. Sigismond, la verdad sea dicha, lo bebe llevándose a la boca el pico del porrón, pues no ignora que si intentara rociar su paladar como sus vecinos se anegaría, y se resigna a hacer el ridículo. Sin embargo , nadie ríe, nadie mira.
Es él, más bien, quien mira a sus vecinos, como no ha parado de hacer desde que la burbuja fue hinchada en torno suyo, y siente una especie de afectuosa fraternidad hacia los cinco hombres que comen solos, sobre las mesas de mármol. Otros dos forman una pareja (acaso de amigos), pero hablan tan poco como los que permanecen solitarios, y al igual que ellos comen con lentitud, como si temieran llegar al instante en que se acabe la comida. Todos (lo cual no resulta extraño, pensándolo bien) tienen aproximadamente la misma edad, rondando los sesenta. Uno podría inclinarse a pensar que se trata de un grupo de viudos, pero ellos se mantienen tan separados como les resulta posible, casi en los vértices de un pentágono cuyo centro estaría formado por la pareja y Sigismond.
El camarero que ha servido va a sentarse junto a la caja, y su aspecto no es el de un empleado, sino el de un propietario; otro, que se le parece demasiado como para que sea su hermano, atiende el comedor de lujo, en el que hay dos o tres mesas ocupadas; también hay un jovenzuelo, hijo de alguno de los dos, que ayuda a llevar los platos.
El único ruido que se puede oír, un goteo regular, que proviene acaso de un grifo mal cerrado, se aviene con la cerámica de estilo árabe que reviste los muros hasta la mitad de la altura, evocando un patio con fuente, y a veces frente a Sigismond, el camarero abre la puerta de un amplio refrigerador, ubicado junto a unos grandes barriles de vino. Paz y frescor…”
Esta es el Casa Leopoldo que yo recuerdo. Siempre comíamos en la parte pobre del paquebote. Cuando algún día pudimos permitirnos la parte de manteles blancos Casa Leopoldo había dejado de existir. Todavía está en el mismo lugar que siempre, pero nada más.
Si leen un día Al margen, o si lo han leído. Si viven en mi ciudad, o si vienen de fuera, háganle un pequeño homenaje al autor y pasen por la pequeña plaza que lleva su nombre. En pleno Barrio Chino, ahora Raval. Queda muy cerca de la nueva ubicación de la Filmoteca de Catalunya, que por fin vuelve al Sur. Regresa “al margen” después de haber durante años respirado los aires más puros de Barcelona. Allá por la zona alta. En aquellas calles donde al Inspector Méndez de Francisco González Ledesma, le costaba respirar por estar demasiado oxigenadas.
La comida como utopía en la Cuba de Mario Conde
Mario Conde ya nos gustaba cuando era policía. Un policía que seguía en su puesto porque no le gustaba que los hijos de puta se salieran con la suya.
Pero nos gustó mucho más cuando pasó a formar parte del gremio de los libreros, el nuestro, aunque en su caso fuera de libros de segunda mano. (“Adiós, Hemingway” ;” La neblina del ayer”)
En el apartado gastronómico, hemos conocido muchos platos de la cocina “imposíble” cubana de la mano de Josefina, la madre de “El flaco” Carlos, el amigo del alma de Mario Conde .
En La cola de la serpiente, la última historia publicada de Leonardo Padura, protagonizada por Mario Conde, asistimos a una conversación entre el Conde y Carlos. Hablan precisamente de la madre de este último, de Josefina.
(…) ¿ Dónde está la botella? – inquirió él, presto ya para el combate.
_ Media botella_ aclaró Carlos, para evitar excesivos entusiasmos_. En mi cuarto. Tráela pa´ca. Y no hagas ruido, la vieja ya se acostó.
_ ¿Tan temprano?
_ Dice que la televisión es una mierda, que mejor es soñar un poco.
_ Sabia mujer_ admitió Conde con toda sinceridad y sonrió.
La vida de Josefina, en realidad, se había reducido a cuidar y alimentar a su hijo y a soportar la presencia de la desaforada banda que con su amistad, su sed y su hambre sostenían a flote al inválido. La anciana se merecía tener alguna via de escape.
_ Oye lo que dice ahora_ Siguió Carlos para confirmar la conclusión de su amigo_ Dice que sueña que cocina. Que nos prepara unos banquetes y cada vez que necesita un ingrediente nada más tiene que estirar la mano y ahí lo tiene….
_ Pues debería invitarnos a sus sueños, ¿ no?.
Aquí, en nuestro país, a pesar de recortes y amputaciones, todavía podemos realizar el sueño de invitar a nuestros amigos a una comida real al estilo de la soñada por la cubana Josefina.
Viví en Cuba de1969 a1971. Fue mi amiga Mercedes Suárez quien me enseñó todo lo que sé de su cocina.
Congrí criollo
Ahora los dietistas dirían que es un plato perfectamente equilibrado, y nosotros, que es barato, sencillo, nutritivo y sabroso.El congrí es una insuperable combinación de arroz y frijoles. Su nombre, al parecer, procede de la isla próxima a Cuba, Haití, y del creole, lengua hablada en aquellas tierras. Allí a los frijoles se les llama congo y al arroz riz, en francés. El congo con riz acabó en Cuba por llamarse congrí. Pero este plato también es conocido como moros y cristianos o simplemente moro. Es un plato que se toma por todas las islas del Caribe, desdela República Dominicana y Haití, hasta Puerto Rico, Trinidad o Jamaica. En todas las isla hay un plato de arroz con una legumbre local.
La receta que sigue, es la que hago en casa, heredada de las cocineras Suárez. Es una versión rápida pues se hace en olla a presión. Yo la hago siempre, y solamente en olla a presión. Si lo quieren hacer a ritmo caribeño, en olla normal, requerirá mucho más tiempo y paciencia.
ingredientes
½ libra (200 g) de frijoles colorados, aquí se pueden emplear judías pintas o frijoles negros, más faciles de encontrar
1 cabeza de ajos
2 vasos de arroz
2 vasos de caldo de remojo de los frijoles o más
½ cebolla, picada
1 pimiento, picado y sin semillas
1 ají picante ( opcional).
1 hoja de laurel, orégano y comino
100 g de los chicharrones prensados que venden en las tocinerías
sal
Lavar y poner a remojar los frijoles la noche anterior. Para cocinarlos, ponerlos escurridos en la olla y agregar el agua de remojo y un poco más, hasta que sobrepase a los frijoles como dos dedos. Cerrar la olla y cocer los frijoles en el tiempo indicado para la cocción de legumbres. Mientras, hacer un sofrito con la cebolla, 2 dientes de ajo, el pimiento y las hierbas aromáticas. Cuando estén las legumbres, dejar enfriar y abrir la olla. Agregar el arroz y el sofrito, y sazonar. Dejar, a partir de la salida de vapor, 5 minutos a fuego normal, y 5 más, con el fuego al mínimo. Enfriar rápidamente con agua fría para que no se siga cocinando. Mientras en un poco de aceite se habrán frito los chicharrones hasta que hayan soltado toda su grasa y queden bien tostaditos. Reservarlos. Machacar en el mortero 4 dientes de ajo. Reservarlos. Abrir la olla (en el caso de que al arroz le faltaran unos minutos de cocción, salpicar con agua y dejarlo un poco más al fuego). Una vez el arroz esté a punto, en una sartén con un poco de aceite sofreír unos segundos el ajo machacado junto con los chicharrones reservados y verter ( chicharrones y ajo) por encima del arroz congrí.
(Si no quieren ponerle chicharrones, también está muy bueno simplemente con el ajo machacado y frito).
El congrí se puede acompañar, simplemente, de una abundante ensalada variada.
Esta receta ya fue publicada en el libro El sabor en la ruta de Colón. Montse Clavé. 2003
Música para acompañar la receta: Si tu cocinas como caminas de Henry Fiol; Camina y prende la olla, Chapotín y Cuní ; Sopa de pichón, Machito
Gracias al espléndido Dictionnaire des littératures policières de Claude Mesplède supimos en su día que Frédérique Audoin-Rouzeau, Fred Vargas, escogió el seudónimo Vargas como un guiño a su hermana.
Jo Vargas es, pintora. Cuando comenzó a exponer sus cuadros tomó prestado el apellido a una cierta condesa descalza llamada / María Vargas, interpretada por Ava Gardner Así fue como, a nivel público, las dos hermanas volvieron a compartir apellido.
Fred es dulce y criminal. Fred tiene cara de ángel pero en su interior debe guardar un demonio que le escribe sus poco convencionales libros negrocriminales protagonizados por un policía muy poco convencional: el comisario Adamsberg. El comisario siempre aparece acompañado por toda una galería de ilustres secundarios que Fred cuida con mimo.
Mis dos libros preferidos de la autora, hasta ahora, son Huye rápido, vete lejos y el recién estrenado El ejercito furioso.
En Huye rápido, vete lejos aprendimos, entre otras cosas, que un marino bretón calcula la velocidad de los peatones que fluyen en las mañanas parisinas por la Avenue du Maine en nudos; que cuando va apurado, suele avanzar a tres nudos y medio; que (el marino) no confiaría en las cosas por nada en el mundo, como tampoco confía en los hombres ni en el mar; que embarrancó, como tantos otros bretones antes que él, en el vestíbulo de la estación de Montparnasse, dejando tras él una mujer en fuga y nueve tipos que matar; que Joss (así se llama el marino) se había acostumbrado a vivir solo, a comer solo, a dormir solo y a hablar solo, excepto cuando iba a cenar a veces al bar de Bertin, El Vikingo. Mientras, la muerte negra, la peste, va dejando cadáver tras cadáver en el distrito 18ème de París.
Si van a París, y pasan por el distrito 18, siempre podrán encontrar alejándose de los circuitos turísticos un pequeño bar de barrio (como El Vikingo de la novela) dónde podrán compartir con los habituales un digno Plat du jour.
Con cada nuevo libro de Fred Vargas recobro el placer de la lectura iniciada en mi niñez con cada novela de Agatha Chiristie que llegaba a mis manos. Fred Vargas es para mi la mejor representante, actual y mejorada, de la novela de misterio o de intriga, clásica, aunque sus escenarios trascienden de los salones utilizados por las damas del crimen y suceden en espacios mucho más abiertos.
En la última entrega de la serie El ejercito furioso ( una especie de Santa Compaña en Normandía) Adambsberg es una vez más el policía más improbable de la narrativa negrocriminal.
Esta escena sucede en París frente a la comisaría.
_ ¿ Se ocupa también de las palomas? – preguntó la mujer sin ironía_. He visto muchas por aquí. No es muy higiénico.
_Pero ésta no son muchas, es una paloma a secas, una paloma sola. Es la diferencia.
_Claro_dijo la mujer.
(…) -¿Es porque le gustan las palomas?-
Adamsberg levantó hacia ella su mirada vaga.
_ No. Pero no me gustan los hijos de perra que les atan las patas.
Dialogos inteligentes, geniales; escritura elegante, limpia, precisa; nuevos secundarios de lujo; calvados; y una cada vez más madura relación entre los personajes clásicos de la serie: Adamsberg y sus fieles Veyrenc y Danglard.
La lectura de El ejército furioso es una delicia y una gozada, pero en ningún momento nos queda la sensación de tener entre manos un libro banal. Se lo recomiendo
Sobre el comisario Adamsberg y su gastronomía
En París:
(…) Adamsberg llamó a su más antiguo colaborador mientras Zerk servía la cena. Atún con calabacín y tomate, arroz, fruta. Zerk había pedido quedarse a vivir un tiempo en casa de su padre, y parte del acuerdo era que él se encargaría de la comida por las noches. Un acuerdo llevadero, puesto que a Adamsberg le resultaba prácticamente indiferente lo que comía, capaz como era de engullir eternamente el mismo plato de pasta, al igual que vestía de un modo invariable, con chaqueta y pantalón de algodón negro hiciera el tiempo que hiciera.
En Normandía:
(…) Adamsberg rebañó el plato de la sopa con pan, como hacía Léo, y trajo la fuente de salteado. Ternera con judías, y olor de hoguera.
………………………….
(…) Léo, he vuelto. Soy el comisario de París. Cenamos juntos una vez. Había sopa y ternera, y luego nos tomamos un calvados delante de la chimenea, con un habano.
Sobre el calvados
El calvados es una bebida alcohólica de origen normando elaborada a partir del destilado de sidra.
Era una de las bebidas preferidas del comisario Maigret.
Debe envejecer al menos dos años en barriles de roble para estar en su mejor momento y adquirir su peculiar color ámbar.
La cultura normada esta muy ligada a esta bebida, se considera una especie de digestivo. En los banquetes abundantes o festivos se practica el llamado “trou normand” que consiste en beber un vasito de calvados entre plato y plato. Al concluir una comida, también es habitual pedir un tradicional “café-calva” , servido dentro del café. Una especie de carajillo a la normanda.
Si vais allí, en la barra de un bar no se os ocurra pedir un calvados, dejadlo en un “calva”, mucho más local y familiar. Y si añadís un “s’il vous plaît” igualmente sabrán que sois de fuera pero en todo caso bien educados.
El encabezado de este artículo tiene que ver con las ganas que tenemos de que Fred Vargas venga a Negra y Criminal, pruebe el vino de la casa, se ponga la camiseta y le hagamos la fotografía de rigor para ocupar el hueco que hemos reservado para ella en la galería de ilustres autores que han pasado por la librería de la Barceloneta.
“(…) _ ¿ Le gusta la musclade?
_¿ Y eso qué es?
_ Mejillones a la crema…Un plato de aquí…
A su pesar, Maigret intentó identificar el sabor de…de…¿ De qué, vamos a ver? Un puntillo ligero, apenas una nubecilla…
_¡Curry!_exclamó triunfante_. Me apuesto lo que sea a que esto lleva curry.”
Maigret en casa del juez. Georges Simenon
Lo extraño es que encontrándose tan cerca de La Rochelle y Marennes, en la costa atlántica francesa, para resolver este caso no pidiera ostras, excelentes en aquella zona.
Los mejillones que les cuento no llevan ni una nube de curry. Me los enseñó a hacer una “ancienne dame” de Saint-Malo y yo los hago como ella.
Mejillones a la bretona
En la cocina de Negra y Criminal, los hice por primera vez con motivo de la presentación de Total Keops en el 2003. Presentaba el libro Joan de Sagarra. Fue un homenaje a Jean-Claude Izzo y su amor por Saint-Malo en la costa bretona. Compartimos este amor. Los dos por motivos muy personales.
Mientras los preparan, déjense acompañar de la música preferida de Izzo/Montale: Gerry Mulligan y su saxo, Brassens, Billie Holliday, Paolo Conte, Astor Piazzola, o las guitarras de Django Reindhard o de Sabicas.
2 k de mejillones
1 cebolla grande, picada
1 vaso de vino blanco seco
1 ramitas de perejil, picadas muy finas
1 rama de tomillo
1 hoja de laurel
1 cucharada de mantequilla
nata líquida
pimienta molida
Lavar bien los mejillones y reservarlos. En un cazo alto, con la mantequilla puesta a derretir, rehogar la cebolla lentamente, hasta que quede blanda pero que no llegue a dorar. Remover a menudo. Agregar el tomillo, el laurel y los mejillones. Mojar con el vino blanco y añadir una pizca de pimienta molida. Tapar, y poner a fuego fuerte. Con unos pocos hervores será suficiente. Unos 4 minutos aproximadamente. Comprobar que los mejillones estén abiertos, sacarlos escurridos y colocarlos en una cazuela de barro o similar, tapados, para que no se enfríen. Sacar del cazo las hierbas (tomillo, laurel) y dejar reducir un poco el líquido de cocción a fuego fuerte. Unos 3 minutos. Bajar el fuego al mínimo e incorporar el ½ vaso de nata liquida. Mezclar bien y calentar un poco sin dejar hervir. Verter inmediatamente sobre los mejillones. Espolvorear con perejil picado y servir al momento.
Mejillones a la Méndez
El sábado 27 de octubre de 2007 presentábamos en Negra y Criminal Una novela de barrio de Francisco González Ledesma, novela ganadora de la Primera convocatoria del Premio de Novela Negra RBA.
Francisco González Ledesma ha sido muy importante en la trayectoria de Negra y Criminal. Con él y con El pecado o algo parecido ( 2002), inauguramos las presentaciones en la librería. Desde entonces el autor nos ha acompañado muchas veces. Son pocos los lectores asiduos que no hayan compartido con él momentos, palabras y vinos en las mañanas de muchos sábados. Es un autor cómplice (con carnet) y amigo generoso que siempre ha estado cuando lo hemos necesitado. Lo añoramos.
Aquel sábado del 2007 quise rendir un homenaje a Méndez con los mejillones del día.
Son unos mejillones con colesterol y totalmente heterodoxos que seguro serían del gusto del inspector Méndez. En todo caso gustaron a todos los muchos que asistieron al acto. Al extremo que, al final, los que se permitieron más confianzas, me pidieron pan para mojar en la salsa.
No los he repetido. La mezcla de mejillones cogidos con los dedos, impregnados de salsa de chorizo y tomate, son un claro atentado a los libros. Y aunque a veces no lo parezca, Negra y Criminal es, sobre todas las cosas, una librería.
Mientras los preparan déjense acompañar por algunas canciones que sonaban en la primera juventud de Méndez: Ojos verdes, Romance de la otra, Soy minero, Camino verde que va a la ermita, Están clavadas dos cruces …
2 k de mejillones
1 cebolla mediana; picada
½ vaso de vino blanco seco ( Méndez lo preferiría de Valdepeñas)
½ vaso de jerez o manzanilla
1 vaso de salsa de tomate (preparada previamente)
1 rama de tomillo
1 hoja de laurel
50 g de chorizo de Salamanca (en taquitos pequeños)
50 g de jamón de Salamanca o de Teruel (en taquitos pequeños)
2 cucharadas de aceite de oliva ( no hace falta que sea Virgen Extra. Se trata de Méndez)
½ guindilla ( sin la semillas)
Lavar bien los mejillones. Ponerlos en una cazuela y seguidamente al fuego. Agregar el ½ vaso de vino blanco; taparlos y dejarlos hasta que abran. Reservarlos en la misma cazuela, tapados para que no se enfríen. En un cazo alto, poner a calentar el aceite. Rehogar la cebolla hasta que dore. Añadir el jamón y el chorizo. Dar unas vueltas y agregar la salsa de tomate, el jerez, el tomillo, la hoja de laurel y la guindilla. Dejar a fuego lento unos 10 minutos. Incorporar los mejillones, escurridos del caldo de cocción (reservar el caldo). Dar unas sacudidas para que se mezclen bien salsa y mejillones. Si queda muy espeso, agregar un poco del caldo de la cocción que hemos reservado. Servir.