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Autores, Bares, Cócteles, Raymond Chandler

Bares de novela negra: El bar Víctor de El largo adiós

(También la autora del blog les da un largo, medio, o corto adiós. Hasta pronto)

El largo adiós de Raymond Chandler. Patrimonio de la humanidad negrocriminal.

(…) El bar Víctor estaba tranquilo y silencioso. Había una mujer sentada en un taburete del mostrador; llevaba un traje sastre color negro que, por la época del año en que nos encontrábamos, no podía ser de otra cosa que de alguna tela sintética como el orlón; estaba bebiendo una bebida de color verdoso pálido y fumaba un cigarrillo en larga boquilla de jade.

Tenía una mirada sutil e intensa que a veces evidencia neurosis, a veces ansiedad sexual y otras es simplemente el resultado de una dieta drástica.

Me senté dos taburetes más allá y el barman me saludó con una inclinación de cabeza pero no sonrió.

- Un gimlet- dije-, sin bitter.

Él puso la servilleta delante de mí y siguió mirándome.

- ¿Sabe una cosa?- me dijo con voz amable-. Una noche oí lo que hablaban usted y su amigo (*), y entonces conseguí una botella de ese jugo de lima de marca. Pero ustedes no volvieron y acabo de abrirla recién  esta noche.

-Mi amigo se fue de la ciudad – contesté-. Uno doble, si está de acuerdo. Y gracias por haberse tomado la molestia.

El barman se alejó. La mujer de negro me dirigió una mirada rápida y después siguió mirando el vaso.

-         Tan poca gente los toma – murmuró tan despacio que al principio no me di cuenta de que me estaba hablando. Volvió a mirarme de nuevo. Tenía ojos oscuros y muy grandes y las uñas más rojas que había visto en mi vida. Pero no tenía el aspecto de ser un programa fácil y en su voz no había ningún indicio de que fuera una buscona.

-         Me refiero a los gimlets.

-         Un amigo me enseñó a tomarlos y a degustarlos.

-         Debe de ser inglés.

-         ¿Por qué?

-         Me refiero al jugo de lima. Es tan inglés como el pescado hervido con esa espantosa salsa de anchoas que tiene el aspecto de que el cocinero se ha cortado y ha sangrado sobre ella.

-         Yo creía que era más bien una bebida tropical, propia de regiones calurosas. De Malasia o algo por el estilo.

-         Tal vez tenga razón.- Se volvió de nuevo.

El barman me sirvió el vaso con la bebida. El jugo de lima le daba el color verde amarillento pálido y parecía como enturbiada. La probé. Era dulce y fuerte al mismo tiempo. La mujer de negro me observaba. Levantó su vaso hacia mí y bebimos juntos. Entonces supe que su bebida era igual a la mía.

El próximo paso era cosa de rutina, de modo que no lo di. Simplemente seguí sentado.”

——-

(*)

Marlowe en el bar Víctor con Terry Lenox en el capítulo IV

“(…) Estábamos sentados en un rincón del bar Víctor bebiendo gimlets.

- Aquí no saben prepararlo- dijo-.lo que llaman gimlet no es más que jugo de lima o de limón con gin, una pizca de azúcar y licor de raíces amargas. El verdadero gimlet esta hecho mitad de gin y mitad de jugo de lima Rose’ y nada más. Deja chiquito al Martini.”

————–

Nota:

Actualmente la ginebra esta de moda. Pero no en su versión marlowiana mezclada con lima, el gimlet, sino en la versión “apta para todos los públicos” que es el gintonic.

Nunca me ha gustado el gintonic.

Debí intuir que esta bebida fue creada por un militar inglés: “La ginebra ayudaba al aparato digestivo y aportaba valentía a los soldados. Además, tomada con tónica, que tiene quinina, puede combatir la malaria,  y el limón es eficaz contra el escorbuto.”

La ginebra (actualmente en el mercado español hay más 200 marcas) y la tónica (más de una docena de marcas) en su versión gintonic están de moda. A pesar de que cierres los ojos, la crisis y los papanatas no dejan de existir.

Compruébelo. Si usted es un dinosaurio como yo, vaya a un bar de moda (hay cientos en las ciudades), acérquese a la barra y pida un gintonic. El barman (que lejos quedan los barmans de las novelas de Chandler…) le mirará atónito, y se preguntará de que planeta ha salido, pero se atreverá a preguntarle: con qué ginebra y con qué tónica. Como usted es un dinosaurio (por cierto, ¿qué hace perdiendo el tiempo en este bar de memos?) de los tiempos en que la opción para tomar gintonic era tan fácil como decidir ” de Gordon’s” o “de Giró”, está perdido. Si no sabe que esta temporada ( estamos en verano) la opción  G-Vine, Hendrick’s o Citadelle Gin Reserve 2010 pasan por delante de la Bombay Sapphire de la temporada pasada (primavera) ; si no sabe que la copa en la que se lo servirán será de balón para que quepa bien todo el combinado, y que ha sido desterrado para siempre el “nefasto vaso de tubo” (expertos dixit); si  no sabe que los cubitos de hielo…, está realmente perdido.

Pero no se inquiete, le quedan tres opciones.

Opción A: la más grosera, rápida y  barata. Escupir al barman y largarse rápidamente (la rapidez en este caso es importante) al encuentro del primer bar de esquina, regentado evidentemente por chinos. Estos sí han sabido conservar las esencias de los antiguos dueños y los antiguos clientes. Se encontrará con sus dos ginebras preferidas, y le servirán el gintonic en un vaso de tubo (¡faltaría más!), y con los cubitos de hielo rezumando agua del grifo.

Opción B.  Mucho más cara que la anterior : apúntese a un seminario, o a una cata, con degustación de ginebras y tónicas. Saldrá hecho un experto. Podrá contarle la experiencia a otros memos y papanatas de su mismo calibre, y ya nunca más le pondrán en evidencia en un bar de moda. Esperemos que a pesar de pertenecer a la edad de los dinosaurios viva unos meses más, hasta la próxima moda, o hasta el próximo bar de moda. Al que fue cuando era usted un alcohólico ignorante, ya estará cerrado.

Opción C: la mejor. Si quiere tomarse una copa, asesórese, y  vaya a la barra de un bar más allá de las modas, donde encuentre un barman marlowiano. De aquellos que, como los libreros, aprenden de los clientes y con los clientes, saben dar sabios consejos, y recomiendan aquello que puede hacer más feliz a cada bebedor.

Arzak, al que se le escaparon las deconstrucciones y tuvo que ir a la zaga de su amigo Adriá, ahora sostiene que en San Sebastián se hacen los mejores gintonic del mundo, “ahora la bebida se ha sofisticado con los garnish o fruta de acompañamiento que va desde la lima, el limón, el kiwi, pomelo, el pepino, uva, rama de romero, albahaca, perlas de granada, canela.”

Siempre he pensado que Raymon Chandler murió en el tiempo apropiado.La novela negra no hubiese sido lo mismo sin los bares, sin “sus” bares:

“(…) – Me gustan los bares cuando acaban de abrirse. Cuando la atmósfera interior todavía está reluciente y el barman se mira por última vez en el espejo para ver si la corbata está derecha y el cabello bien peinado. Me gustan las botellas prolijamente colocadas en los estantes del bar y los vasos que brillan y la expectación. Me gusta observar cómo se prepara el primer cóctel de la noche y se coloca sobre una impecable carpeta con una servilletita doblada al lado. Me gusta saborearlo lentamente. El primer trago tranquilo de la noche, en un bar tranquilo, es maravilloso.

Estuve de acuerdo con él.”

Terry Lenox se lo cuenta a Marlowe en El largo adiós.

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