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Autores, Charles Willeford, Hoke Moseley

Aquello a lo que un hombre renuncia voluntariamente ya no le puede ser arrebatado. Charles Willeford

Miami Blues de Charles Willeford

“ (…) No es justo.

_Usas mucho esa palabra.

_¿Qué palabra?

_”Justo”. Y ya tienes veinte años.

_Dentro de un mes.

_Será mejor que te olvides de si las cosas son justas o injustas. Incluso cuando la gente dice que va con el tiempo justo, esa palabra no significa nada.

_De modo que lo justo no existe.

_No, no existe. Santa inocencia…”

No suelo hacer mucho caso a las frases elogiosos que los editores ponen en los libros, “encargadas” a autores, que probablemente, editan sus libros en el mismo sello editorial.

 “Nadie ha escrito una novela negra mejor.” Elmore Leonard

Creo que algunos autores han escrito mejores novelas,  pero Charles Willeford ha sido para mi un verdadero descubrimiento.

Después de Miami Blues espero que se editen los otros tres títulos protagonizados por  el policía Hoke Moseley, detective de homicidios de  Florida.

Willeford fue coetáneo de Jim Thompson y David Goodis, y se nota.

Tanto personajes, diálogos, la ironía y el humor de esta novela, nos hacen pensar,  que dificilmente Quentin Tarantino hubiese hecho una película como Pulp Fiction si no hubiese leído a Willeford.

Con una economía narrativa y de recursos literarios, y un ritmo magistral, Charles Willeford nos pasea por el asfalto recalentado de Miami, arrinconando la investigación policial cuando le viene en gana, para que  los protagonistas nos hablen de sus estados emocionales o de las tareas de la vida cotidiana en común mientras cocinan y comen  toda clase de platos dietéticamente delirantes.

sinopsis de Miami Blues

“ Frederick J. Frenger Jr., un simpático y peligroso psicópata que acaba de salir de una prisión de California, aterriza en el aeropuerto de Miami dispuesto a pasárselo bien en la soleada Florida. Desde su llegada, va dejando tras de sí el rastro de sus salvajes ganas de «diversión». Todo cambiará, sin embargo, cuando su camino se cruce con el del sargento de homicidios Hoke Moseley, un policía de mediana edad con una vida personal desastrosa y un aspecto físico deplorable, pero implacable en su trabajo. Puede que su dentadura postiza o su triste vida de divorciado hagan pensar lo contrario, pero jamás ceja en su empeño cuando se propone hallar y capturar a una presa. Sobre todo si ésta le ha robado la pistola, la placa y la dentadura.”

Algunas de los muchos fragmentos gastronómicos del libro.

“(…) La camarera les trajo las ensaladas Circe: grandes hojas de lechuga, gajos de naranja, judías y brotes de trigo, coco rallado, yogur de vainilla y un relleno de caña de azúcar, empapado todo en ginseng. La ensalada venía en un cuenco de porcelana en forma de concha de almeja gigante.

_Nunca había comido en un restaurante de comida sana.

_ Yo tampoco, al menos no hasta que llegué a Miami. No tienes que comértelo si no te gusta.

_No me gusta la raíz de ginseng. ¿Es que aquí se lo ponen a todo?

_ Más o menos. Se supone que te hace sentir sexy, pero lo cierto es que le echan ginseng porque no sirven carne. Esa es la razón, creo yo.

_ Prefiero la carne. Esto sería comestible de no ser por el ginseng.”

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“(…) ¿Qué es lo que huele tan bien?

_Es la cena. Voy a servir chuletas de cerdo rellenas. Las cocino con cebollas y setas, y las cubro con salsa marrón. Además, de guarnición tenemos patatas horneadas y guisantes, y ensalada de cebolla, tomate y pepino. ¿ Crees que debería hacer panecillos calientes?

_ ¿ A Junior le van los panecillos?

_ Realmente no lo sé. Tengo pan de molde, pero creo que voy a poner panecillos recién hechos. A los hombres os gustan.

_¿ Te gustaría quedarte a cenar?”

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“(…) Entró de nuevo en el centro comercial y pidió una patata rellena en el One Potato, Two, en concreto la IdahoMéxico, que se sirve con mantequilla, chili con carne, queso blanco y chips de tortilla. El chili picaba bastante, y se bebió un Tab con mucho hielo.

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“(…) Freddy sugirió que tomaran un desayuno tardío.

_ ¿ Has comido alguna vez en Manny’s?_ dijo la señora Freeman_.Tienen una tortilla de cangrejo y te dan una cesta de panecillos calientes con mantequilla y miel. Y es el único lugar en Miami Beach donde te rellenan la taza gratis.

_ Suena bien._ Freddy asintió con la cabeza_. Yo solía tomar tortilla de cangrejo hace mucho tiempo en la zona del muelle, cuando vivía en San Francisco.

Manny´s estaba escondido entre un spa kosher de cuatro pisos y un almacén cerrado de dos pisos con todas las ventanas condenadas. Freeman aparcó el coche en el aparcamiento del almacén, ahora lleno de maleza, y se fueron a Manny?s. El olor a pescado en el interior era fuerte. Freeman pidió una tortilla de cangrejo, pero Freddy negó con la cabeza.

_ He cambiado de opinión. Hazme una tortilla Denver.

_¿Qué es eso?- le preguntó el camarero paquistaní.

_ Huevos revueltos con jamón picado, pimiento verde y cebolla.

_Lo que que él quiere_ dijo Freeman_es una tortilla occidental.

_ Eso sí que lo tenemos_dijo el camarero, y se fue a la cocina.

En California la llamamos una tortilla Denver.

_Así que eres de California,¿eh?.”

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“(…) Susan se adaptó muy rápido a la rutina doméstica. Ella le cocinaba el desayuno, sorprendiéndolo con waffles belgas de nueces, huevos revueltos y tostadas francesas hechas con pan de masa fermentada. Después de llevarlo al Omni limpiaba la casa y planeaba la cena. Un día compró pez gato para hacérselo frito con patatas panadera, que sirvión con carne frita y hojas de berza. A Freddy no le gustó el pez gato porque tenía espinas, pero disfrutaba de aquellas comidas preparadas. Ella siempre terminaba las cenas con  grandes postres: tartas y pasteles de manzana Granny Smith, coronados con mantequilla burbujeante, azúcar moreno y canela. Una noche, le hizo pechuga de pavo al horno y la sirvió con su guarnición, incluyendo un pastel de carne cien por cien casero.”

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“(…) Aquella noche, mientras comían espárragos, Freddy le explicó a Susan lo que iban a ser sus deberes. Freddy nunca había comido espárragos antes, ni había probado salsa holandesa, pero le gustó mucho, sobre todo con aquel jamón al horno y esas patatas gratinadas…”

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“(…)_ Supongamos que nos siguen. Dime, ¿ por qué alguien querría seguirnos?

_ No te preocupes por eso. Si nos siguen yo me encargaré del asunto, pero no sucederá. Cuando preguntas por qué, estás haciendo una pregunta que no va a ningún sitio.

_ Lo siento.

_¿ Qué hay de postre?

_ Pastel de boniato.

_ Nunca lo he probado.

_ Sabe como la tarta de calabaza. Si no te lo digo, probablemente pensarías que se trata de tarta de calabaza, pero es de boniato y es mejor.

_ Voy a probarlo. Me gusta la tarta de calabaza.

_ ¿ Lo quieres con nata montada?

_ Por supuesto.”

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(…) _ ¿ Cuáles eran las buenas cualidades de Junior?_ le preguntó Sánchez.

Susan  frunció el ceño y se pasó la lengua por los labios.

_ Bueno, nunca me faltó nada y le gustaba todo lo que cocinaba para él…”

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Charles Willeford es un autor que me hubiese gustado entrevistar para este blog gastronómico criminal. Un autor que, como verán, es capaz de acabar el libro con una receta.

Y aquí sigue el capítulo final de Miami Blues

La siguiente noticia fue publicada en el Okeechobee BiWeekly News.

PASTEL DE VINAGRE GANADOR

Ocala_ La señora de Frank Mansfield, de soltera Susan Waggoner, de Okeechobee, ganó ayer el concurso tricondados de pasteles de Ocala con su receta de pastel de vinagre. La receta siguiente

Para cuatro personas

1 taza de pasa sin semillas, picadas

¼ de taza de mantequilla diluida

2 tazas de azúcar ( granulado)

Media cucharadita de canela

¼ de cucharadita de clavo

Media cucharadita de pimienta de Jamaica

4 huevos grandes, con las claras separadas

3 cucharadas de vinagre de 5%

1 pizca de sal

Batir la mantequilla y el azúcar. Añadir las especias y mezclar bien. Batir las yemas con las varillas hasta que estén suaves y cremosas. Añadir las pasas picadas y revolver con una cuchara de madera. Batir las claras con una pizca de sal hasta que estén suaves, luego echarlas a la mezcla del azúcar. Cortar la masa y doblarla, con suavidad pero también con firmeza. Verterla en un molde de horno. Hornear durante quince minutos con el horno precalentado a 250 ºC. Bajar la temperatura a 150ºC y cocer durante veinte minutos más o menos, o hasta que la superficie se dore bien y el centro esté gelatinoso. Enfriar sobre una rejilla durante dos o tres horas antes de cortar.

Cuando la señora  Mansfiel recibió el premio (cincuenta dólares en bonos del Tesoro) de manos de los jueces dijo: “ Nunca he conocido a un hombre al que no volviese loco mi pastelito”

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